Brindemos ¡Salud!

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Una buena costumbre es comenzar el día tomando fruta en pieza o en zumo natural: el agua, las vitaminas antioxidantes, los minerales, las enzimas y la fibra que contiene la fruta nos ayuda a hidratar, depurar y vitalizar nuestro organismo; a la vez que tienen un bajo contenido en calorías y carecen de colesterol.

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No obstante, el valor energético de las frutas es generalmente muy bajo, debido a su elevado contenido en agua (80-90%), aportando aproximadamente 50 calorías por 100 gramos, que se derivan principalmente de hidratos de carbono complejos, casi todo en forma de de fructosa. “Su concentración aumenta cuanto más madura sea la fruta, y contienen cantidades mínimas de grasas que son siempre insaturadas y carecen de colesterol, excepto el coco que tiene una gran cantidad de grasa saturada” comenta la nutricionista Belinda Gil García.

El sabor ácido de las frutas es otra de sus características. Se debe a una serie de ácidos orgánicos que no son nutrientes esenciales para nuestro organismo y que contienen las frutas. En los cítricos, encontramos ácido cítrico, ácido málico en las manzanas, ciruelas, tomate y ácido tartárico en las uvas. “Ninguno de estos ácidos es perjudicial para el organismo ni dañino para el estómago, dado que no alcanzan la acidez del jugo gástrico”, puntualiza la especialista consultada, para quien el poder antioxidante de las vitaminas E y C, al igual que otras sustancias que dan color y sabor a las frutas y verduras como los flavonoides, polifenoles, betacarotenos, carotenos (estos dos últimos se transforman en el organismo en provitamina A) han demostrado un papel importante en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y el envejecimiento.

El proceso de envejecimiento así como la aparición de algunas enfermedades, se debe al efecto de los «radicales libres»; es decir, a ciertas partículas que oxidan nuestras células. “Podemos combatir los radicales libres recurriendo a una alimentación rica en verduras y frutas frescas, aceite de oliva y vino tinto con moderación”, añade Gil García.

A TOMAR EN CUENTA

Los jugos y batidos son una fuente extraordinaria -¡y exquisita!- de consumir frutas. Su alto contenido de agua facilita la eliminación de toxinas de nuestro organismo y nos ayuda a mantenernos bien hidratados, a la vez que su aporte de fibra ayuda a regular la función de nuestro intestino y a evitar o corregir el estreñimiento. La fibra tiene un gran interés dietético ya que, además, posee efectos beneficiosos tanto en la prevención como en el tratamiento de ciertas enfermedades como diabetes, obesidad, cálculos en la vesícula biliar, hemorroides y venas varicosas.

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