Covid-19 y Jair Bolsonaro: una combinación mortal para Brasil

Foto: AFP

Desde la llegada de la pandemia al continente americano, el presidente de Brasil Jair Bolsonaro ha tenido una actitud de subestimación sobre la potencialidad y mortalidad del virus del SAR-coV-2.

Innumerables han sido los escándalos derivados de sus polémicas declaraciones donde entre ofensas, subestimaciones y burlas evade su responsabilidad en la castástrofe sanitaria que atraviesa esta nación que hoy acumula más de 11,5 millones de casos y cerca de 280,000 muertes.

Recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó de “amenaza extrema” la situación de desborde sanitario que se registra en Brasil. “La situación en Brasil ha empeorado, con una incidencia muy alta de casos y un aumento de los incidentes de muerte en todo el país. Sin duda un aumento muy rápido en la ocupación de camas de la UCI con muchas áreas que se quedan ya sin espacio”, alertó Michael Ryan, Director Ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias de este organismo.

Pese a estas declaraciones, Bolsonaro sigue apostando a su lenguaje de subestimación de los efectos de la pandemia, insistiendo en la necesidad de mantener el país sin medidas restrictivas y, por si fuera poco, desestimando la importancia en el uso de la mascarilla.

Hervidero de variantes

Dentro de este ambiente de caos provocado en gran medida por la inexistencia de medidas, surge una nueva variante de este virus que según los estudios es 2,4 veces más viral que la original, convirtiendo a la nación suramericana en un peligro para sus vecinos y el resto del mundo.

“Lo que sucede de manera positiva en las naciones como Brasil importa a nivel mundial, y lo que sucede de manera negativa también”, sostuvo Ryan.

En la actualidad pese a las dificultades que se derivan de la escases de vacunas -en su mayoría en manos de Europa y Estados Unidos- en Suramérica las naciones realizan esfuerzos para garantizar el inicio de la inmunización de la población, esto sin abandonar las medidas de restricción para evitar el contagio y propagación del covid-19.

Caso contrario sucede en Brasil, donde el presidente se ha pronunciado contra la medida de confinamiento que acordaron los gobernadores y sobre la ausencia de un plan de inmunización en su país ha argumentado que “no hay vacunas”.

“Hay idiotas en las redes sociales, en la prensa (diciendo) ¡compra vacunas! ¡Vas y se las compras a tu madre! No hay vacunas a la venta en el mundo”, espetó Bolsonaro en medio de un ataque de ira al ser consultado por la prensa, en el momento en que se dirigía a una multitud sin mascarilla, elemento que se ha negado a usar pese a supuestamente haber padecido de covid-19.

“¿Vamos a llorar hasta cuándo?”

Esta ausencia de seriedad por parte del mandatario brasileño ha sido objeto de llamados de alarmas como el realizado por Venezuela que desde el 2020 ha insistido ante la OMS para que intervenga en Brasil y solicite al Gobierno de Bolsonaro actuar para contener lo que ya aparenta ser irrefrenable.

“Tenemos que enfrentarnos a nuestros problemas. Ya basta de delicadezas, de ser quejones, ¿vamos a llorar hasta cuándo? Hay que respetar, obviamente, a los más mayores, a los que tienen enfermedades, pero ¿a dónde va a ir a parar Brasil si paramos? La propia Biblia lo dice, en 365 citas dice: ‘No temas'”, ha sido el llamado de Bolsonaro a los brasileños en lo que ha sido su insistente tesis de dejar todo al azar.

“Mientras muchos países de América Central y del Sur se están moviendo en una buena dirección, Brasil no. Hay que tomarse esto muy en serio”, advirtió el miembro de la OMS Michael Ryan.

“A partir de ahora, vamos a una fase más agresiva en la lucha contra el virus”, es la aseveración que hizo Bolsonaro este lunes 15 de marzo donde no se sabe si atendiendo a las demandas de la OMS o por intereses político electorales, decidió abrir campo a nuevo nuevo ministro de Salud, Marcelo Queiroga, cardiólogo quien es el cuarto en ocupar este cargo desde marzo de este 2020, fecha en que se registraron los primeros casos de covid-19.

La combinación de un promedio de más de 66,000 nuevos casos diarios y 1,800 muertes en los últimos siete días, sumado al lento progreso en la vacunación, hacen que Brasil sea visualizado como un peligro para el continente y el mundo, todo como consecuencia de un Gobierno negacionista de una realidad que le desbordó y lo convirtió en el ejemplo de lo que no se debe hacer.

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