A cinco meses del Cucutazo

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A menos de dos semanas de cumplirse cinco meses de darse a conocer el llamado Cucutazo, una trama de corrupción protagonizada por los agentes de Juan Guaidó en Colombia, hasta la fecha no se han establecido responsabilidades penales por el robo de los fondos de la “ayuda humanitaria”.

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Ni los militantes de Voluntad Popular, Rossana Barrera y Kevin Rojas, autorizados por Guaidó para encargarse y atender “la situación de los ciudadanos venezolanos, civiles y militares, que ingresan a territorio colombiano, buscando ayuda y refugio” ni los otros involucrados en el Guaidogate han sido tocados, ni acá ni en Colombia, por las manos de la justicia.

Todo parece señalar que tal crimen quedará impune. Y es que en este y en la mayoría de los países latinoamericanos, cuando se trata de casos de corrupción, lo primero que suele ocurrir es la “solidaridad” automática con los acusados: “Pedimos se respetado el principio de la presunción de inocencia”. Luego, en paralelo, los implicados en las irregularidades administrativas se victimizan: “Hay claramente mala intención y somos perseguidos políticos”. El último argumento es un clásico en Venezuela.

El huésped de la Casa Blanca y sus perritos falderos han hecho mutis respecto a la malversación de fondos por parte de sus pupilos en el país, aunque esos recursos hayan salido de los contribuyentes. En una carrera de larga distancia, en la que buscan como premio final las riquezas de Venezuela, usarán cualquier medio para ganarla. De allí el anuncio realizado, a finales de septiembre, por la Administración Trump de que entregará unos $52 millones de dólares a la oposición, como “muestra de apoyo adicional”.

Desde la Iglesia Católica, con siglos de experiencia –no tan buena- en manejos de fondos y diezmos, denuncian el uso ilegal de los millones de dólares “donados”. Días atrás, el obispo de la Diócesis de San Cristóbal y primer vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Mario Moronta, cuestionó el uso dado a parte del dinero: “Se está quedando en el camino para pagar gastos onerosos de dirigentes… Estados Unidos y la Unión Europea deberían hacer una investigación sobre eso concretamente y saber a quién se les entregan los recursos”.

En fin, así como los fondos “donados” a la oposición “desaparecen”, también la imagen del ungido por Washington tiende -si retorno- a diluirse.

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