Año nuevo…

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El inicio de año, regularmente, lo tomamos por el lado positivo debido a las expectativas que se nos agolpan y con mucha firmeza reivindican nuestro destino, por la energía de mucha gente, que con sentido del afecto y emoción nos lo transmite. Este año, en particular, tiene otra condición: marcar el estreno de una nueva década que para el horóscopo chino es un presagio de signos positivos. Para los asiáticos, se inicia una nueva rueda: es el año de la rata.

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Que marca ánimos y nuevas energías y deja atrás una época de cadenas negativas. Pero, el calendario, igual advierte, que el problema puede estar en la falta de experiencia para enfrentar los nuevos retos. Esto me preocupa cuando pienso en el inicio de nuestro año 2020, y los primeros 5 días de enero que mostraron en nuestra política el rostro de símbolo que anunciaban problemas como auguraba el calendario chino: todo podría ir mal por dejar nuestros asuntos de Estado en manos de inexpertos. Tal como surgieron en los primeros días del mes.

De improviso los primeros escarceos con las payasadas del autoproclamado; y cuasi ”presidente interino” Juan Guaidó. Que vino a confirmase como una estrella en declive, que sólo brilló con fulgores caducos de una década que acabamos de superar. Igual campea esta inexperiencia. Que se suma con el empecinamiento de Estados Unidos de mantenerlo al frente de una Asamblea Nacional, ahora no solo en desacato sino también con dos directivas, nacidas de la misma oposición que él decía tener con la brida corta.

Muy poco, apenas unas horas de este año tuvo bajo control a su satrapía MUD G4. De imprevisto, 60 de “sus” diputados votaron contra él y fue derrotado por uno de sus aliados. Después de allí su imagen se hace polvo mediático, al mostrarlo en un penoso e insensato salto de rejas, mientras insultaba y manoteaba cual violetera a los guardias nacionales. Este lastimoso episodio no emociona a nadie fronteras adentro.

E imagino, menos a ese mundo de gente que le donó 600 millones de dólares para que tuviera tranquilos a sus rastrojos. Este penoso final les debió parecer desastroso. Un error propio de inexpertos como los había previsto y señaló -1320- el calendario chino del astrónomo Shoujing. Que castigaba al que se junta con gafos e inexpertos.

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