Carnicería

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Una matanza étnica, como si se tratará de reeditar la aniquilación indígena ocurrida hace más de 500 años en nuestro continente, viene ocurriendo por estos días en Bolivia. La carnicería, con biblia y cruz en mano, la han desatado los ultraderechistas Jeanine Áñez – la autoproclamada presidenta boliviana- y Luis Fernando Camacho Vaca –una suerte del violento Leopoldo López, con el beneplácito del inefable secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro. Sus víctimas: los indígenas, cuyo único “pecado” parece ser haber llevado por la vía electoral a uno de los suyos a la primera magistratura de esa nación.

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Hasta ahora van 33 muertos tras la cruzada emprendida por la supremacista casta “blanca” boliviana, para borrar todo vestigio de las tradiciones indígenas y las políticas inclusivas y soberanas implementadas durante casi tres lustros por Evo Morales en beneficio de su pueblo, acciones que lograron ubicar a Bolivia en los primeros lugares de crecimiento económico y social de este lado del planeta.

Con un siniestro decreto, que da luz verde a los órganos de seguridad del Estado para matar en nombre del orden, los aprendices de Pinochet, Videla y Mussolini, apoyado por Estados Unidos (experto en aniquilar gente) y los gobiernos de derecha de la región, han buscado callar la protesta del pueblo boliviano que ha salido a las calles a condenar el golpe de Estado y pedir el retorno de Evo al poder.

Las imágenes que nos llegan de Bolivia son dramáticas. Las decenas de bolivianos caídos tras la brutal represión y el vejamen al que son sometidos los indígenas, que representan el 80% de la población de ese país, por grupos de choques de la oposición golpista, nos causan infortunio y revela la hipocresía mundial de aquellos que se hacen llamar defensores de los derechos humanos.

La prensa boliviana y mundial, así como la denominada comunidad internacional guarda un silencio delictivo respecto a los crímenes de lesa humanidad que cometen los opositores en Bolivia. Se hacen los ciegos y mudos ante tal tragedia humanitaria, cometida para garantizar que las elites que defienden el orden mundial imperante regresen al poder. Son caimanes del mismo pozo y “dignos” herederos de los invasores que cometieron siglos atrás el holocausto indígena en América.
@s_osorio

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