Contra la especulación financiera

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Stefano Zamagni, presidente de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, es categórico: “La novedad de los últimos treinta años es que la estructura de las relaciones económicas genera en la actualidad profundas desigualdades. La conclusión es lógica: es preciso cambiar por un pacto mundial el conjunto de las reglas de la economía”.

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La tesis es fundamentalmente parecida a la que el papa Francisco no deja de defender: la necesidad de búsqueda activa de nuevas formas de solidaridad. La estructura financiera mundial tiene ante todo por base el principio egoísta de la finanza especulativa. Es decir: el dinero no produce desarrollo, sino… dinero. Ya no domina el espacio económico el objetivo de obrar para el desarrollo humano y tecnológico, como fue el caso en otros tiempos. La idea de hoy es que el rico sea cada vez más rico, y le deba cada vez menos a la sociedad. En el extremo de esta cadena, el poseedor de dinero, sin necesidad de ser empresario, esperaría no tener que invertir dinero si no produjera… más dinero.

¿Cómo buscar un cambio – por lo menos progresivo – en la estructura financiera mundial? Se agitan hoy dos ideas muy conexas. La primera sería la de definir un impuesto proporcionalmente muy importante sobre los supuestos “ahorros”, evidentemente producidos por enriquecimientos inmorales. Era la idea de la tasa Tobin, en los años 1970-80.
Pero la idea más global destinada a reducir realmente las desigualdades de hoy es la de cerrar los paraísos fiscales, diseminados en el mundo entero. Rechazando de esta manera la admisión de la finanza especulativa.

Zamagni explica que, hasta los años 1980, la transacción financiera era más o menos igual al PIB (producción de riqueza) mundial. Hoy día, el comercio del dinero “puro” es cuatro veces superior a la producción de bienes nacionales o mundiales”. En los años 80, el objetivo seguía siendo el de favorecer la economía real, en vistas del desarrollo de todos. Hoy, la finanza es “autorreferencial”: apabulla la producción real de bienes para “la gente”.
Culpa de la finanza especulativa internacional, ella misma causa de las guerras. Por eso, la corrección importante de las desigualdades se debe producir “aguas arriba” de las transacciones financieras, rechazando la economía especulativa.


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Sacerdote de Petare

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