El cinismo de la Casa de Nariño

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La capacidad de cinismo de los que gobiernan Colombia no tiene límite. Una descomunal caterva de plagas azota al vecino país, sin que haya autoridad con interés real en buscar soluciones para salir de la tragedia que los agobia. Eso sí, son muy activos para mirar la paja en el ojo de Venezuela pero muy miopes para ver la viga en el ojo de su nación.

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La patria de Francisco de Paula Santander, devenido en enemigo de Simón Bolívar, es considerada la más desigual de América Latina y la tercera en el mundo. De acuerdo con un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, para que un niño de ese país, salvo que acontezca algo extraordinario, tendrá que esperar 330 años para salir de la pobreza, el equivalente a 11 generaciones. Cosa nada fácil. ¡Los pobres en Colombia no tienen quienes les escriban!

En lo que va de 2020, en ese país, un líder social es asesinado cada día, según la Organización de las Naciones Unidas. “Más allá del debate sobre quién es un líder social, el Gobierno debe parar esta masacre. ¿Podrá hacerlo?”, acotaba la revista Semana. ¿Habrá interés en hacerlo?

La revista U.S. News de Estados Unidos, nación aliada estrecha de la Casa de Nariño, destacó recientemente que Colombia era el país más corrupto del mundo. La noticia causó estupor en la clase política neogranadina, aunque lo dicho sea un secreto a voces en la tierra del Gabo.

Otra posición que ocupa el vecino país, es el de ser mayor productor de drogas en el mundo. Según un informe de la ONU, hasta 2019 producía cerca de 70% de la cocaína mundial. Y la cifra sigue aumentando, aunque allí estén ocho bases militares de EEUU, está última nación figura como la principal consumidora de drogas en el orbe. No es casual pues, que sean buenos socios para enfilar sus armas contra el gobierno venezolano.

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Con tan clara radiografía, nadie en su sano juicio se atrevería a lanzar la primera piedra, muchos menos contra un país que alberga más de 5 millones de colombianos, que cruzaron la frontera entre los 70 y 90 huyendo del conflicto bélico. Hoy, parte de ellos y sus retoños, regresaron a su patria, en busca de oportunidades ante la crisis que vive Venezuela, acentuada por las sanciones gringas. De allí que resulte urgente cambiar los catalejos, en beneficio de ambos pueblos, pues la ceguera causa más daño que bien.

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