El escondite

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La extensión de la reclusión, en razón de la pandemia que acosa al mundo, ha generado importantes consecuencias en la convivencia devenida en un atemorizador encierro indefinido.   

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Ante el miedo a perder la vida y como única opción para conservarla, se imponen la reclusión, los muros y  “la casa devenida en prisión”. Encierro voluntario/involuntario que dispara el miedo, ansiedad,  incertidumbre, fragilidades, pensamientos negativos  y especialmente el temor a una cotidianidad insoportable.   La vida, para salvarla,  se ve reducida a unidades mínimas de interacción entre los miembros de la familia y a procesos micro-sociales de interacción. En nuestra casa, aislados de la sociedad por un período indeterminado,  deberemos cohabitar y compartir un encierro ajustado a otros patrones de convivencia y, por ende,  a una nueva rutina diaria que exige ser bien administrada. Ante lo ineludible, el reto es cómo sobrevivir a tal reclusión.

Nueva realidad que nos obliga a redefinir la cotidianidad, reajustar roles y reestructurar la convivencia para protegernos y  exorcizar  los peligros internos y externos que nos acechan. Suerte de obra teatral que nos conmina a desempeñar nuestros papeles –principales o secundarios- de manera convincente y acordes a la nueva trama de un ineludible y obligante argumento. El auditorio, nuestra familia, amistades  y la sociedad en general. Con miras a proteger  la convivencia, la armonía familiar y la reputación, apilamos tras bastidores todo aquello que creemos debe permanecer oculto.  Situación que nos  demanda un esfuerzo permanente para transmitir una imagen convincente  frente a nosotros mismos y “el auditorio”.  Ante el obligado encierro, ¿Ya no importa lo que somos realmente?

La casa deviene entonces en un espacio limitado donde debemos manejar el miedo a la reclusión y aprender a trabajar las tensiones “dentro-afuera”, entre los muros y el mundo externo.   Así para salvar la vida nos sometemos a un necesario proceso de expropiación de la libertad y de circular libremente, entre otros derechos. El significado que le damos al estar adentro encerrados dialoga angustiante con el que asignamos al salir y gestionar nuestra vida. 

La casa prisión y refugio que nos protege de un  afuera extraño y peligroso.  La casa escondite y esperanza de salvación del caos externo. 

@maryclens

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