El sorprendente mundo del “lavado”

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El tema de hoy trata de una riqueza que no se puede explicar ni justificar legalmente y por esa razón se da el “lavado”, “blanqueo” o legitimación de capitales a través de bancos e instituciones financieras y otros ámbitos de acción para ese delito, es decir, también los “blanqueadores” de dinero sucio suelen operar utilizando empresas ficticias, casinos, restaurantes o cualquier otro medio que facilite la ocultación del origen ilegal de activos. No se extrañen, entonces, cuando se encuentren con una lujosa construcción, edificio o centro comercial, y se quedan atónitos, como si fuera un fantasma o espanto, pero es un caso real de “lavado”, de esos que los estudiosos de la delincuencia organizada relacionan con “tipologías” fincadas en las experiencias de la prevención y represión. 

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Ya sabemos que, al calor de la globalización de los mercados, hay un delito que se ha extendido al mismo ritmo de cualquier actividad económica legal y por ese correr a vasto campo es que debemos tener mucho cuidado con este tipo de criminalidad que nos pasa de lado y ni siquiera la advertimos. Se trata del “lavado” de dinero proveniente de actividades ilícitas y el proceso para ocultar su origen.

 La cosa es tan sorprendente, pero muy grave. Fíjense que hace unos 25 años, la ONU estimó que las ventas de drogas ilegales alcanzaron la cifra de 500 billones de dólares, suma que superó en esa época la venta de petróleo a nivel mundial. Imagínense cómo será la situación ahora, por ejemplo, con el aumento día a día de la siembra de coca en miles y miles de hectáreas. Esto es en lo que respecta a las drogas, pero el dinero sucio o dinero negro no sólo tiene su origen en el tráfico de drogas, sino también en el tráfico y explotación laboral y sexual de los seres humanos, secuestro, robo y tráfico de vehículos, contrabando de armas, y también en la corrupción de funcionarios públicos, entre otras actividades ilícitas. 

El “lavado” de dinero ilícito crea verdaderos peligros para los sistemas políticos porque potencian la corrupción del poder político en cualquier parte del mundo. Ese dinero como poder tiene influencia en la administración pública, en la justicia, en los medios de comunicación, en los negocios legales y en cualquier otro ámbito de la sociedad. Es el sorprendente mundo del “lavado”.

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