“Estamos en guerra”

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“Estamos en guerra”. En seis oportunidades, el presidente francés utilizó la misma expresión en su discurso a la Nación. Tono marcial y vocabulario guerrero, para anunciar la “movilización general” contra un enemigo “invisible, inalcanzable”. Invitación para alistarse en la guerra abierta contra la epidemia, “de noche y de día”. El enemigo no es otro país, otro ejército, pero está allí, “y va progresando”, dramatiza Macron.

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Uno recuerda el discurso del papa Francisco, hablando, tiempito atrás, de la “tercera guerra mundial”. Y hace pocos días, uno también se dejó impactar por la imagen de este noble y humilde anciano, cojeando, solo, en la avenida Corso, buscando la Iglesia San Marcelo. Motivo: negociar humildemente con la Virgen y los santos la paz para todas las naciones… La paz, Señor, ¡la paz!

1347: inicio de la peste negra. 1350: comienzo de la Guerra de Cien Años. Por más que suplique la Iglesia a su Dios porqué cesen “peste, hambruna y guerra”, esto mismo fue el lote renovado de cada año de ese siglo XIV – XV. “A peste, fame et bello, liberanos, Domine!”, cantaban los monjes ¿Por qué no intervino también el papa de la época como generoso intercesor para unificar las súplicas de salud, saciedad y paz? Imposible: la cristiandad estaba en proceso de dislocación. Cada nación se escogía a su papa, de los dos o tres adversarios disponibles para ser jefes de guerra.

Hoy, los tiempos son otra vez de extrema austeridad. Las democracias se buscan nuevas formulaciones. Los políticos sufren rechazos. La economía excluye más que incluir. Nuestro coronavirus va para muy largo. Su suerte dependerá en gran parte de nuestra disciplina. Cuidado, pues, en no caer en el error grandioso de Italia. Los italianos no le prestaron mucho crédito a esas mascaritas y esos disfraces de carnaval. Tampoco pretendieron cambiar sus rutinas. “Oh sole mio”. Tengamos cuidado. Si los venezolanos no aceptamos las nuevas reglas, la austeridad de hoy, mañana la cantidad de muertos nos incluirá a nosotros también más que permitirnos a nosotros llevar la cuenta final. No olvidemos: estamos en guerra. Y cada uno necesita la solidaridad de todos los demás.

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