Eutanasia (y 2)

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¿Depende la dignidad humana de un enfermo del hecho doloroso de su enfermedad, o, más hondamente, de su condición humana? Cualquiera sea la intensidad de su sufrimiento, su dignidad está vinculada con su pertenencia a la comunidad humana. Ni por sufrir más, ni por apariencias de deterioro físico o mental perderá su dignidad. La dignidad no se pierde. Es “ontológica” (vinculada con su ser hombre o mujer), y no “fenomenológica” (es decir, circunstancial, vinculada con apariencias más o menos “bonitas”). Al ser humano que sufre se le debe más. Los cuidados intensivos, tan difíciles de conseguir, son una expresión de la dignidad que se merece aquel que tiene el derecho de vivir.

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La eutanasia, ¿derecho de libertad? Mi cuerpo, ¿es mi propiedad privada y total? ¿Hago con él lo que quiero, es decir, lo que me gusta? El argumento “libertad” debería existir para dar sentido a la vida pero desde la práctica, la eutanasia traduce frecuentemente la incapacidad de dar un sentido a la vida. Ella expresa la presencia de un desespero grande frente a las circunstancias de sufrimiento, abandono y soledad. Estas circunstancias reflejan situaciones que precisamente impiden el ejercicio de la libertad. La libertad nunca es total. Y si a ver vamos, en vez de considerar al ser humano como integrante de una inmensa cadena de relación, da la impresión de que el “yo y mi libertad” es un argumento que pretende justificar el individualismo, el cual, en nuestros países occidentales, rige cada vez más la mezquindad de nuestro ambiente cultural y espiritual. Hacer de la supuesta libertad la justificación de un derecho a la muerte es una reflexión que tiende a cortar la persona de su constitutiva naturaleza relacional con los demás seres humanos. Entiéndase en ese contexto la terrible libertad que se dan los seres humanos para justificar, de manera cada vez más mortal, la licencia general para el aborto.

No recomiendo en absoluto las reglas fascistas, ni quiere enfatizar la respuesta castigo. Para la eutanasia, hay que tomar conciencia: los países que se prestan a una aceptación básica, obedecen a una pendiente casi inevitable: eutanasia por motivos psiquiátricos, psicológicos, eutanasia para niños menores de 12 años, aun sin la aceptación de sus padres. ¿Hasta dónde vamos?

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