Fracaso de las dirigencias

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El diputado a la Asamblea Nacional Eustoquio Contreras ha hablado del fracaso de las élites políticas en el país, que no han logrado alcanzar acuerdos razonables para permitirnos coexistir democrática y pacíficamente. También Eduardo Fernández, en un reciente artículo de prensa titulado con esa palabra: “Fracaso”, destaca no solo el resultado adverso del accionar del liderazgo político del momento, sino también el fallo de la dirigencia de la llamada Cuarta República. Reconoce que la misma no llegó a desarrollar cabalmente –a pesar de las posibilidades que tuvo- una Venezuela de democracia fuerte y estable, con una economía productiva y diversificada que acabara con la pobreza.

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Creo que los dos están en lo correcto. La dirigencia del hoy oficialismo así como la mayoría de la dirigencia opositora han incurrido en sucesivos errores y faltas, y el encadenamiento de sus dislates nos ha conducido hasta la trágica situación que vivimos. La mayor responsabilidad le cabe a los cuadros principales de Psuv y gobierno, por el poder que han tenido y tienen desde su posición, pero el aventurerismo golpista de la conducción opositora predominante nos ha perjudicado igualmente de modo grave. Hoy, el tiempo apremia pues es necesario parar cuanto antes nuestro deterioro.

Ambos bandos deben ceder en algo. Ojalá la presión de la ciudadanía, que en su gran mayoría no quiere violencia y sí desea convivencia, fuerce a la clase política a abandonar sus aspiraciones de victoria total sobre el contrario: es necesario convivir y la alternancia es sana, si es la decisión de las mayorías. Hasta diría que para rescatar y enriquecer los mejores lineamientos del proyecto bolivariano original esa alternancia conviene en la actualidad.

No nos sirve el discurso del odio, ni las medias verdades mezcladas con mentiras.

Tampoco el ejercicio político como una interminable sucesión de maniobras y triquiñuelas. No dejemos que nuestro país se reduzca a una pequeña pieza en el juego de las grandes potencias: cultivemos el razonamiento equilibrado y sobre todo la búsqueda de soluciones viables y justas.

Busquemos el apoyo de países de América Latina en el desarrollo de una salida endógena, pacífica y democrática a nuestra crisis.

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