Historia de Caperucita Roja

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

¿Quién no conoce el amable cuentico Caperucita Roja? La inocente niña no ha querido hacerle caso a las voces agoreras que le auguraban graves peligros por su imprudente reunión… Pero, ¿no tiene razón la infanta? ¿Acaso no sabrá ella reconocer la diferencia entre un lobo, malintencionado, y una abuela aun con picantes en la barbilla? Fue un fracaso. Moraleja: Abuela es fea, y sus dientes son tremendamente afilados…

Publicidad

Así la historia nuestra.  Nos cuesta descubrir al lobo feroz. En vez de permanecer unidos para crear Estados fuertes y solidarios, nuestros  países  se dejaron engatusar. No se acordaron de que fue largo, y costoso para cada uno, el proceso – nunca conquistado definitivamente – de la independencia. Los resultados de los Congresos de Panamá y Tacubaya fueron pobres y llevan el sello de la desconfianza mutua. Mientras tanto, a la cabeza del poder, los Estados Unidos, desde siempre, practicaron su diplomacia con cada Estado de forma separada, consiguiendo que se adoptaran sus planes, y no los nuestros.  Así, cada Estado latinoamericano se transformó en servidor de los programas mundiales de los Estados Unidos. “Los Estados Unidos no tienen amigos, sólo tienen intereses”. Obedeciendo a las presiones más o menos violentas de este vecino, nuestros países se convierten en capataces de las grandes multinacionales y de las operaciones financieras de sus grandes grupos. Triste situación: renovación de la esclavitud, con otros títulos jurídicos.

A partir de cierto momento  de los años 2000, los Estados latinos intentaron unirse y crear programas comunes, en alianzas de cierta importancia, y gracias al liderazgo excepcional de Venezuela. Unasur, Mercosur, y otras. Se hizo política, luchando por la integración de nuestros países. Por ejemplo, la resistencia de Mercosur impidió, en su tiempo, que los Estados Unidos pudieran llevar a cabo su plan de Área de Libre Comercio Americana, a través del cual dominarían por completo el continente americano. Muy tristemente, la notable desunión actual entre países básicamente de la misma cultura, no ha permitido hasta el momento la reunión duradera en busca de ventajas para la totalidad del sub-continente.

Publicidad

Dice la canción: “Cuando el pobre  crea en el pobre, ¡ya podremos cantar libertad!”

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print
Publicidad
×
Publicidad
×