¿Invasión o libertad de navegación?

Venezuela no es un país de incautos. A nadie puede engañar el Comando Sur de EEUU de llevar adelante la operación»libertad de navegación», bajo la excusa del «excesivo reclamo» de Venezuela. Esa maniobra del destructor USS Pinckney, uno de los más grandes de la Armada estadounidense, es la afirmación de la amenaza de injerencia militar en nuestro territorio y, junto a ese propósito, el asedio y la afrenta pública que infunde ese temor a ser invadido por una poderosa potencia militar, hegemónica y destructiva. 

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Algo más, hoy arremeten con una ofensiva comunicacional de imputaciones falsas, sin límites de ninguna índole, para desprestigiar y exponer al desprecio internacional a nuestro país, al gobierno chavista y a sus dirigentes. No hay dudas, quieren invadir a Venezuela, tomarla militarmente y hacerla suya. Ya Bolton lo asomó con el mayor desparpajo en su libro. 

Al Gobierno de EEUU no le preocupa la democracia en Venezuela, ni los derechos fundamentales de los venezolanos. Mucho menos le importa un Guaidó o cien de ellos. El problema es otro. Confrontamos una nueva forma de la guerra, en tiempos de crisis del Estado nacional soberano y la necesidad de refundación del derecho internacional. Se trata de una guerra con formas engañosas, ya sea bajo una acción “humanitaria”, o de acción “preventiva”, o aplicación de la “responsabilidad de proteger”, para invadir países regidos por gobiernos que adoptan determinaciones independientes; o porque en los subsuelos de esos países -como es el caso de Venezuela- existen grandes yacimientos de hidrocarburos, de oro o de otros recursos naturales valiosos ambicionados por invasores. 

Esa es la razón de las provocaciones y agresiones contra Venezuela. No es el de vivir o no vivir en democracia, o de tener una Asamblea Nacional en desacato o deslegitimada, o de que haya o no haya elecciones. Para ellos lo que importa -y no lo dicen- es afirmar su principio de injerencia y apropiarse de los recursos naturales de los países invadidos.

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Para nuestro país es fundamental la defensa de la autonomía de los pueblos, de los derechos de autodeterminación y de soberanía. Venezuela no es un país de incautos, ni de pendejos; es un pueblo indómito, difícil de sujetar con agresiones o con lisonjas, porque este pueblo sabe que entre esa “libertad de navegación” y el “excesivo reclamo” que nos reprochan, hay un paso a la invasión.

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