Justicia en emergencia

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En el acto de inicio del año judicial, el Presidente Maduro sorprendió a muchos y dejó en aprieto a unos cuantos al anunciar una reforma judicial. Habló directo y dijo lo que tenía que decir en los términos del buen discurso, oportuno, y con sentido de rectitud, pues, ya no es suficiente la lucha contra la vieja corrupción judicial, también es necesario acabar con los nuevos actos de corrupción, impericia jurídica, mediocridad e ineficiencia y, en lo fundamental, sacar a esos jueces que negocian la justicia.

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Son muchos. Ellos no creen en la ley y hacen desastres en nombre de la ley. Son los que hoy “dolarizan” la función de los tribunales, no creen en revolución y sentencian con “justicia tarifada”.

Vivimos una justicia desastrosa que estremece en descrédito a todo un sistema. Pues bien, quiero decir dos cosas que pueden servir para reconstruir la justicia maltratado por los indignos y corruptos que se adueñaron del sistema de justicia, enquistados en tribunales y fiscalías a manera de un burocratismo judicial, sin talento ni probidad.

Presidente Maduro y constituyentes, creo que es necesario separar la estructura y funcionamiento de los tribunales del Tribunal Supremo de Justicia. El TSJ debe conservar su autonomía funcional sin que tenga que dirigir a los demás tribunales, mucho menos tener la facultad de nombrar jueces y juezas. Un magistrado del TSJ es sólo para conocer en derecho y juzgar conflictos en materia de su competencia. No es correcto que un magistrado extienda su función de juzgar en cosas que no son inherentes a su cargo. La idea de separación significa evitar “feudos”, cuotas de poder, corruptela unidireccional, o magistrados “emperadores” que designan jueces sin honorabilidad, con violación del mandato constitucional de ingreso a la carrera judicial. Separar significa justicia en emergencia.

Presidente Maduro y constituyentes, el otro aspecto fundamental para una reforma se corresponde con la ética del Juez. La corrupción desnaturaliza la función del Juez Hay necesidad de un nuevo Juez porque la gente no confía en los jueces de hoy. Son cosas que nos hacen reflexionar sobre la necesidad de una nueva política judicial que ayude a morir las estructuras del viejo sistema de justicia, ya cansadas y maleadas de corrupción, de engaños, de laberintos, de tanto rebuscamiento, de esos vicios que parecen interminables, que fastidian la conciencia. ¡Que dan asco!

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