La peste

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Sin duda que las conductas de la gente frente a la magnitud de los problemas causados por la pandemia han sido diversas como sorprendentes. Una de esas facetas fue volcarse a las librerías de las ciudades del mundo para buscar información literaria sobre este fenómeno. Se descubre, que hasta ahora, las más populares en ventas son La Peste, novela del argelino francés Albert Camus de 1947 y un clásico universal, El Decamerón de Giovanni Boccaccio, 1353.

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La Peste la ubica Camus en la actual Argelia, aunque sus antecedentes se encuentran en una peste negra que se desató en la ciudad costera de Oran en 1849. El angustioso ambiente, de “sálvese quién pueda” que narra la novela es fácilmente identificable con el que hoy se vive en Madrid, Roma y Nueva York.

Hay un texto de la novela de Camus donde advierte: “para entender una ciudad es necesario reconocer cómo se trabaja, cómo se ama y cómo se muere en ella”. El signo literario más logrado de La Peste es seguir la línea que une el desarrollo de la enfermedad y cómo inevitablemente conduce a la muerte.

El libro, una vez que te atrapa, es difícil separarse de su lectura.

La ciudad que él pinta, para nada bella, es un enjambre de actividad frenética y llena de rutinas que generan angustia, sus ciudadanos solo piensan en sus trabajos y el camino mas fácil para lograr la riqueza, y muy poco espacio para la distracción.

Obvio todo este modelo vital va a cambiar abruptamente con la aparición de una terrible epidemia, que inunda las calles con cientos de cadáveres diarios. Sentencia Camus: las pestes y las guerras generalmente llegan cuando la gente está más desprevenida, y nadie está pensando en ellas.

En toda paz existe en potencia la guerra, y esta placidez es invadida por la peste. La situación es de tal gravedad que la ciudad es puesta en cuarentena. Inevitable es sitiada y ella solo habita la vigilancia. Los límites de la ciudad quedan definidos por barreras, que como en el caso de Guayaquil, solo contienen podredumbre humana o la gloria de quienes se disponen a combatir el virus.

El comentario de la gente es el mismo: el miedo, protagonista de la historia es el doctor Rieux : “hay los que tienen miedo y los que no lo tienen, pero los más numerosos son los que todavía no han tenido tiempo de tenerlo”.

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