Mala captura, buena detención

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No hay que olvidar que el estado de derecho norteamericano se caracteriza por ser Estado de derecho judicial (Tocqueville). El modelo constitucional de 1787 fue una clara protesta contra las leyes del Parlamento británico y el enfoque del legislador virtuoso y omnipotente. Asumen la Constitución como pacto, acto de manifestación de voluntad superior de manera consciente.

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El lema de este constitucionalismo es el triunfo de la razón sobre el naturalismo determinista de la historia. Frente a la legitimidad que suministra el pasado porque es viejo, la Constitución reposa en la legitimidad de lo que se proclama racional descubierto por las luces. (Zaglebelsky).

Sin contrapesos o límites, esta herencia beneficiosa del constitucionalismo norteamericano también tiene sus sombras: una de ellas es el precedente legal conocido como Mala captus, bene detentus, una captura ilegal, por la fuerza, ilegítima, deviene en apresamiento válido y subsiguiente juzgamiento también válido.

Precedente que un dudoso fiscal, sometido a investigaciones por su participación en la justificación legal del apresamiento de Noriega en Panamá y su consecuente invasión, pretende aplicar al Presidente y a un grupo de venezolanos, judicializándolos. Sentado tempranamente en 1886 (Ker vs Illinois), mecanismo “legítimo” de captura de supuestos perpetradores de delitos graves cometidos en o contra ese país, pero guarecidos en territorio extranjero.

Ilógica e ilegal conducta aplicada a las autoridades venezolanas: derecho interno aplicado para justificar arrestos y secuestros extraterritoriales, incompatibles con el derecho internacional, la Carta de Derechos Humanos, ante la mirada complaciente de la ONU, esperpento de supuesta protección y unión de las naciones.

Desde Venezuela, exigimos respeto por el derecho internacional, a las instituciones, a nuestros líderes, a una justicia no plegada a los amos del poder. En esta amarga hora planetaria, el globalismo aspira aniquilar el Estado Nación y la población mundial; unamos esfuerzos para evitar el vaciamiento moral, financiero, político, social, expresado en un catálogo de normas que dejan de lado la visión ética y bondadosa alcanzada desde la democracia y la humanidad. Hoy es tarea de todos ser mejores.

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