¡Mis primeros 80!

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Tengo la suerte de haber llegado a mis primeros 80 años. ¡Gracias, Dios, por esta época de mi vida! Gracias por los amigos y amigas. Gracias por todos y todas aquellas que me acompañan con discreción y sentido crítico. Estos ex jóvenes tenían 8, 10, 12 años de edad infantil, y hoy después de 50, 60 años me llaman para ayudarles a administrar su propia vejez…

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Nunca pude imaginar que la vida me esperaría tanto… Cuando yo tenía 5 años, los de 25 años ya formaban parte de mi mundo de los viejos. Como no he conocido la tercera edad, apenas si me figuro la cuarta; pero la veo con cariño y simpatía. Tuve modelos de viejos, que envejecieron abiertamente, delante de mi vida de joven. De manera serena, sabia, humilde, sonriente…

Con la oración espontánea a flor de labios. Qué privilegio. Todos los días les agradezco por haber dejado su estela luminosa en mi vida.

Se dice que envejecer es un proyecto que ocupa toda la vida… Envejecer es un paquete invisible que uno va llenando lenta, suavemente, cada día un poquito. No se le puede comprar ni vender. De todos modos, el paquete se vuelve a llenar cada día un poquito más.

No tengo nietos. ¡Lo que nos perdimos! Me siento el alma blandita de un abuelo. Los abuelos necesitan a los nietos, para guardar el contacto con un mundo que evoluciona y se transforma. Y los nietos necesitan a los abuelos, para no perder su identidad en un mundo tan difícil.

¿Cristo? Caminar con él: ¡qué aventura! ¡Apasionante experiencia de libertad! Difícil, exigente. Llena de imprevistos, sorpresas, errores…A Dios yo le pedía que me diera fuerza. No me la dio. Me dio debilidad, para que yo me acuerde de él. Hasta el final de mi vida (todavía me queda un pelo…), le pedí ciertas cosas que yo estimaba importantes para mí; pero Él nunca me las dio. Tuve que aceptar la humildad y la sumisión. De todos modos, yo, terco, le sigo pidiendo lo que él no me quiere dar…

¡Señor! Tú sabes: hay días en los que todavía no estoy en sintonía fácil contigo ni conmigo mismo. En esos días aciagos, enséñame a apreciar la vida y el tiempo. Tiempo de perdonarme a mí mismo… “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar” (salmo). “He venido para que tengan vida, vida en plenitud” (evangelio).

Sacerdote de Petare

[email protected]

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