Poder comunal

En el prólogo de El educador neocolonizado de Luis Antonio Bigott (Ipasme, 2009), Gregorio Pérez Almeida pregunta: “¿Será posible que el poder constituido asuma la actitud del poder constituyente y eche abajo la estructura de poder neocolonial vigente en nuestro sistema educativo ‘cuarto republicano’, que tiene un cuerpo burocrático de ‘autodefensa’ consolidado en los dos Ministerios de Educación?”. La pregunta es extensible a todo el aparato estatal. Nuestra Carta Magna habla de cinco poderes: ejecutivo, legislativo, judicial, electoral y moral y de tres instancias: nacional, estadal y municipal. Es en esta última donde se agudizan las contradicciones de un modelo societal que debe morir, pero no muere, para que nazca la patria comunal como creación y cocreación de los poderes creadores del pueblo. En lo que el poder comunal (consejos comunales, comunas, movimientos sociales) se activa, el poder constituido (alcaldías, jefaturas civiles, ministerios, gobernaciones, etc) ve peligrar su microfísica de poder. En los mejores casos, no logra entender que entorpece. Y en los peores, sus burócratas se crispan porque su lógica y sus negocios se tambalean y los protegen acudiendo a mafias al estilo de El Padrino.

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Los consejos comunales son los núcleos del modelo bolivariano. Su ley orgánica los define como “instancias de participación, articulación e integración entre los ciudadanos, ciudadanas y las organizaciones comunitarias, movimientos sociales y populares, que permiten al pueblo organizado ejercer el gobierno comunitario y la gestión directa de las políticas públicas y proyectos orientados a responder a las necesidades, potencialidades y aspiraciones de las comunidades, en la construcción del nuevo modelo de sociedad socialista de igualdad, equidad y justicia social”.

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Cuando Simón Rodríguez nos dice: “¡Ojalá cada parroquia se erigiera en toparquía!” nos está proponiendo que dinamitemos la vieja estructura con sus perversiones burocratizadas dirigidas por tecnócratas formados con currículos enajenantes. Nuestro principal referente nos indica que “la verdadera utilidad de la creación es hacer que los habitantes se interesen en la prosperidad de su suelo”. La comuna El Maizal en Portuguesa, Monte Carmelo en Los Humocaros, estado Lara, la comuna socialista Simón Bolívar en el 23 de Enero, la Minka en Altagracia y Kai Kachi en La Vega, las tres de Caracas, son ejemplos rodrigueanos del “gobierno más perfecto de cuantos pueda imaginar la mejor política” porque “es el modo de dar por el pie al despotismo”. Por ahora, el nuevo sistema educativo debe “instruir para que haya quién sepa y educar para que haya quién haga”.

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