¿Por qué Juan Pablo Pérez se opuso a extraer petróleo de la Faja?

«Basta de petróleo para Venezuela». Con esta lapidaria frase se expresó Juan Pablo Pérez Alfonzo, para dejar en claro su tenaz oposición a la explotación del petróleo de la Faja Bituminosa del Orinoco, como era llamada en el momento que redactó sus ensayos plasmados en el libro Hundiéndonos en el Excremento del Diablo.

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«Mi oposición a cualquier intento de subir al mostrador de ventas la Faja Bituminosa del Orinoco es incondicional, con o sin inversión extranjera, por ahora y por mucho tiempo», agrega.

El texto plasma una interrogante hecha a Pérez Alfonzo, argumentada con la posición de los medios de comunicación oficiales, los cuales planteaban la necesidad de explotar para exportar los crudos pesados de la Faja, a los fines de conservar el petróleo mediano liviano.

El experto petrolero, quien fuera ministro de Fomento y de Minas e Hidrocarburos durante los gobiernos presididos por Rómulo Betancourt, del partido Acción Democrática, responde con la siguiente pregunta: «¿Por qué modificar la composición de las exportaciones para conservar los crudos livianos disponibles, dedicando esfuerzos e inversiones para hacer disponibles otros crudos más difíciles de exportar? El asunto no tiene explicación razonable y va contra el sentido de economía y oportunidad», decía.

El fundador de la Organización de Países Productores de Petróleo, Opep, argüía que «de ninguna forma convenía estimular la explotación dirigida a reponer las reservas de crudo mediano liviano que más rápidamente agotábamos, ni de ninguna otra».

«La razón fundamental es el despilfarro. En la medida que invertimos en exploraciones y con éxito logramos subir al mostrador de ventas nuevas reservas, en esa misma medida se hará más difícil disminuir la producción y poner el techo de ingresos petroleros, reclamado para salvar de la carraplana a Venezuela».

Explicaba el también llamado Padre de la Opep que mientras las divisas petroleras no queden congeladas en un determinado nivel, «cualquier esfuerzo sustitutivo dirigido a la exportación y a aumentar nuestro poder de compra en el extranjero, será un esfuerzo tendiente a agravar nuestra dependencia y deformación económica, con lo cual se imposibilita el crecimiento orgánico y armonioso que tiene que ser la aspiración nacional».

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«He vivido conscientemente toda la historia del petróleo en mi país y por ello mis experiencias y observaciones me obligan a insistir en la necesidad de ponerle freno a esa actividad deformadora», apunta.

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