Sin vaina

Las mediciones científicas del clima a nivel mundial se alteraron de tal manera con la conmoción generada por el coronavirus, que por primera vez en varias décadas reflejaron niveles de reducción de la contaminación ambiental que se creían inalcanzables para siempre.

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La paradisíaca Venecia, por ejemplo, que se convirtió en los últimos meses en símbolo doloroso de lo que puede llegar a ser de terrible el fenómeno del deshielo que produce la saturación atmosférica de emisiones de gases de efecto invernadero, de repente apareció sumergida en aguas cristalinas plagadas de peces que ya se pensaba que no volverían a aparecer jamás en las pestilentes aguas que había antes de la cuarentena social a que obligó la crisis del coronavirus.

En China, donde las medidas de reducción de la movilidad social y paralización de las industrias, el comercio y el transporte, tuvieron que ser más drásticas en virtud del severo impacto del virus en esa nación, se reportó en cosa de días una caída abismal en los índices de contaminación, que permitió ver por primera vez en muchos años un cielo profundamente azul sobre sus principales ciudades, empezando por Beijín, una de las más contaminadas del mundo.

Así sucedió en Nueva York y otras grandes metrópolis norteamericanas, como Los Ángeles, y San Francisco, con la drástica reducción del infernal bullicio y la polución que produce la multitud que usualmente copa sus calles.

Pero, ninguno como el extraordinario fenómeno del sosiego y la abrumadora tranquilidad que se experimentó en Venezuela desde el instante mismo en que el Presidente de la República decretó en cadena nacional de radio y televisión la cuarentena social que se adoptaba en virtud de la amenaza que se cernía sobre el país con la posible propagación del virus en nuestro territorio. Nunca como en esta oportunidad los venezolanos se unieron de manera tan cohesionada y tan al unísono en un mismo propósito en función del bienestar común.

Esa unión de todas y todos los venezolanos en torno a un mismo propósito determinó que por primera vez en casi un cuarto de siglo el país pudiera experimentar la normalidad del funcionamiento de un gobierno trabajando sin perturbaciones ni obstáculos.

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Es decir, se vio la tranquilidad de no tener a una oposición echando vaina.

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