Universidades proactivas

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¿Están las universidades desarrollando iniciativas para amortiguar el impacto de la crisis?

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Pareciera que no lo suficiente, especialmente en el caso de las públicas. Claro que no habrá estrategia novedosa interna capaz de compensar una caída de la economía del país como la que vivimos. Haría falta que desde el Gobierno se desarrollara un conjunto orgánico de medidas acertadas, cosa que no ha sucedido. Pero mientras tanto, las casas de estudio superiores no pueden quedarse de brazos cruzados: deben tratar de implementar políticas que les ayuden en estos tiempos difíciles. Incluso, las mismas pueden resultar no simplemente un salvavidas para una emergencia, sino útiles líneas de trabajo hacia una óptima calidad en el siglo XXI.

Así, habría que explorar con mayor amplitud la posibilidad de contratar con empresas públicas o privadas: para ayudar a resolverles problemas técnicos, generar innovaciones, sustituir importaciones de materias primas o equipos, actualizar a su personal o desarrollar programas de responsabilidad social, entre otras necesidades. Del mismo modo, pueden lograrse acuerdos con alcaldías, gobernaciones o ministerios.

La oferta de posgrados se revitaliza con programas parcial o totalmente a distancia, bien diseñados, y que resulten atractivos también a estudiantes de otros países de la región. Este intercambio siempre es enriquecedor y deviene en una fuente de ingresos adicional. Por su parte, las y los egresados pueden ser un apoyo útil en lo financiero y en algunas actividades académicas puntuales, notándose que no se les ha convocado ampliamente.

Es viable que ex profesores que se encuentran en el exterior colaboren académicamente ad honores: con asesorías focalizadas, participando en conferencias o foros online, y hasta tutoreando alguna investigación doctoral. También los profesores jubilados resultan una valiosa fuente de talento humano, y su colaboración en contratos con entes externos y docencia de alto nivel podría retribuirse con bonificaciones ad hoc. Además, el libro universitario habría de promoverse mejor, dentro y fuera del país. El Estado debe buscar la participación de las universidades en la solución de problemas de nuestra sociedad y facilitar procesos para la obtención de ingresos propios de estas instituciones.

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