Venezuela Venezuela Venezuela

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Pon cualquier canal de televisión de España y oirás esta cantinela: Venezuela Venezuela Venezuela. Lo mismo en cualquier medio comercial del mundo. Programas de opinión, reality shows, consejos de cocina, chismes de farándula, novedades de la moda, horóscopos, lo que sea. Solo faltan los crucigramas. Por ahora. Siempre hay un pretexto para proferir enormidades sobre Venezuela. En España, por ejemplo, es además Delcy Rodríguez, que ni las estrellas de cine, una telenovela. De las malas.

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¿Qué está pasando en Venezuela para tanta gritería? Para comenzar, hay una sangrienta narcodictadura que viola los derechos humanos, tiene al pueblo en hambruna terminal, no hay libertad de expresión, hay un Estado policial… En suma, que Venezuela es el mal absoluto y, lo que es peor, contagioso, ya lo dijo Julio Borges, ergo es verdad que la migración venezolana es una peste doquiera que va, que ríete del coronavirus.

Pero ¿has notado que jamás ni nunca ni en ningún momento presentan una sola prueba de estos alaridos? Nunca. Jamás. Y los medios nunca ni jamás mencionan la “presión” imperial que Guaidó sí. Da como curiosidad, ¿no?

He escrito arriba dos palabras claves: comercial y absoluto. Comenzaré con absoluto.

Venezuela es el mal absoluto, la infamia infinita, la protervia sin precedentes. El único remedio es la extirpación, como en el cáncer o en un perro rabioso. En la guerra al can rabioso se lo mata primero simbólicamente y luego físicamente. Así se hizo con Sadam Husein y con Muamar el Gadafi, hasta que los aniquilaron junto con sus respectivos países. Luego vinieron el petróleo y el caos. Y esto me abre la ruta para la segunda palabra clave: comercial.

Porque quienes hacen la guerra simbólica son los medios capitalistas. Wall Street tiene un apetito histérico por riquezas que son escasas en todo el mundo menos en Venezuela: las mayores reservas de petróleo a cinco días de Texas —y oro, coltán, diamantes, hierro, aluminio, lo que pidas por esa boquita. En cantidades desmesuradas. Reservas enormes de agua dulce, kilómetros de costa marítima, la mayor biodiversidad. Sigue pidiendo y te lo tengo.

He allí la prueba irrefutable de que estamos bajo una narcodictadura apocalíptica. Quod erat demonstrandum.

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