¿Volverá aquella granja de espejos?

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Con el golpe de Estado en Bolivia, en medio del más reprochable silencio de la prensa hegemónica al servicio del capital, se activa de nuevo la llamada “Doctrina de la Seguridad Nacional”, indicando la persecución de los dirigentes de partidos políticos de izquierda y progresistas, de los pueblos indígenas, de los movimientos sociales o de cualquier hombre o mujer que caminan por las calles bolivianas. De nuevo se ha implantado la tortura, los desaparecidos, la muerte y el riesgo de que se instale de igual forma ese tipo de cárceles y campos de concentración que anidan el terror y la represión sistemática para gobernar.

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Es como volver a un pasado de terrorismo de Estado como forma de vida. Por eso viene la pregunta: ¿Volverá aquella “Granja de espejos”? ¿Volverá la tortura infernal o la repetición del genocidio de Pando?

Allá en Santa Cruz, hace 30 años, aconteció uno de los casos más espeluznantes de muertes en prisión. Se llamó: “La granja de espejos”. Era una cárcel para cualquier ser humano sin cometer delito, pero considerado indeseable por aplicación de una ley de “peligrosidad sin delito”, muy parecida a la “Ley de vagos y maleantes” que por desgracia existió en una época en Venezuela para perseguir a los pobres, utilizada igualmente en manos de un Alcalde o de un Jefe Civil para la persecución política.

Esa “Granja de espejos” fue expresión de una monstruosa maquinaria “institucional” violatoria de la condición humana. Igual que torturaba en prisión, se ejecutaba la muerte en prisión. Fueron decenas de cadáveres en 1989 encontrados en aquel lugar.
Esa es la Bolivia de hoy, distante de la que fue hace poco, con Evo: la primera en crecimiento económico de la región y lanzada al desarrollo social. Ahora se detuvo bajo un régimen que la devuelve al pasado de represión y pobreza, donde la tortura se abre peligrosamente, desde los fundamentos de una teoría sistémica que aparta a unos hombres de ser ciudadanos y los convierte en “enemigos”, a quienes hay que exterminar, como en el “hostis” romano.

A Bolivia le cayó una desgracia contra su Estado plurinacional vinculada a un modelo económico-político que suprime la participación del pueblo en las decisiones políticas, al tiempo que desarrolla la idea de que el pueblo debe estar siempre bajo la tutela de élites de poder. Son esos empresarios y terratenientes sanguinarios que hoy gobiernan en Bolivia.
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