En escenarios de desastre y emergencias humanitarias, la atención suele centrarse en que las personas tengan refugios seguros, comida y primeros auxilios médicos.
Sin embargo, en medio de la situación, suele pasarse por alto un factor importante para la supervivencia a largo plazo, como es el estado emocional de las personas involucradas en el proceso.
En momentos de crisis, el cuerpo y la mente reaccionan de manera adaptativa, manteniendo el estado de alerta para la lucha o huida. Si bien esta activación permite reaccionar con rapidez ante el peligro, su persistencia en el tiempo es devastadora para su salud física y mental.
En este punto es cuando la relajación y atención emocional pasan a ser una necesidad biológica fundamental. Para las víctimas de una catástrofe, el estrés persistente modifica la capacidad de tomar decisiones claras, alterando el ritmo de sueño y disminuyendo el sistema inmunológico.
Incluir técnicas sencillas de relajación, respiración guiada, pausa consciente, etc., dentro de los programas de apoyo emocional, ayuda a la autorregulación del sistema nervioso, reduce los niveles de cortisol, permite a los afectados tomar cierto control sobre su entorno y aumenta la resiliencia.
La relajación es un espacio temporal para recargar energías y enfrentar la situación de manera efectiva.




