InicioCienciaCon sello venezolano: La ingeniera del bambú aliado de la arquitectura sismoresistente

Con sello venezolano: La ingeniera del bambú aliado de la arquitectura sismoresistente

Investigaciones de especialistas del Cenvih y Fundambiente validan la resistencia de la guafa real frente al concreto e impulsan normas técnicas para la edificación ecosustentable y sismorresistente en Venezuela

Mi mamá siempre cita un proverbio chino: “Debemos ser como el bambú: cuando sopla el viento en contra, doblarnos sin rompernos y cuando sopla para nosotros, usarlo a favor” y sí, cuánta verdad en esa frase que hoy resuena con particular fuerza en la ciencia del hábitat. Más allá de la sabiduría milenaria, esta planta es tan versátil que no solo alimenta a animales como los osos panda, sino que también sirve para la construcción de viviendas.

Detrás de esta lección de vida se esconde un principio de ingeniería biomecánica impecable: la flexibilidad inteligente, bien aprovechado desde hace más de 5.000 años en el continente asiático, africano y americano, como nuestros pueblos originarios, quienes, dependiendo de la región, realizaban sus viviendas con este apreciado espécimen. ¿Qué nos hace escribir hoy sobre él? Pues recordando su nobleza, investigadores venezolanos trabajan en la realización de viviendas sismoresistentes, valiéndose de su gran fortaleza para soportar fuertes vientos sin colapsar.

Lo del pasado 24 de junio nos ha hecho estudiar y planificar mucho mejor nuestras edificaciones para mantenernos a salvo, y aunque vivir dos terremotos de manera simultánea pone a prueba cualquier edificación en el mundo, debemos trabajar en función de prevenir. La evolución tecnológica suele sorprender, pero pocas veces la innovación dialoga con tal solidez con los saberes milenarios, aunque esta vez trabajan de la mano.

Es por eso que la Fundación Centro Nacional de Investigación y Certificación en Vivienda, Hábitat y Desarrollo Urbano (Cenvih), así como Fundación de Educación Ambiental (Fundambiente), trabajan para la construcción arquitectónica con este material que a su vez es amigable con el ecosistema y la infraestructura social.

La ciencia tras la “Guafa Real”

Enfrentar movimientos telúricos consecutivos exige materiales capaces de disipar energía sin colapsar, una propiedad que el hormigón rígido satisface solo bajo costos elevados y una amplia huella de carbono. Es ahí donde la botánica y la ingeniería estructural convergen en suelo nacional.

En este sentido, el Cenvih adelanta investigaciones en alianza con la organización Bambú Venezuela en Bejuma, estado Carabobo, quiénes han auditado en laboratorios las prestaciones de la Guadua angustifolia (una de las 1.500 especies del bambusoideae que existen), conocida popularmente como guafa real (nativo de latinoamérica).

Los ensayos físico-mecánicos revelan datos contundentes: en estado óptimo de maduración (entre los 5 y 7 años de su ciclo), la guafa presenta una resistencia a la compresión simple que oscila entre 500 y más de 700 kg/cm², superando en rangos específicos al concreto convencional. Su alta relación resistencia-peso y su capacidad de flexión la convierten en una armadura vegetal idónea para la construcción sismorresistente de viviendas, espacios comunitarios e infraestructura pública.

Protección integral: de la cuenca al diseño sísmico

El esfuerzo científico no queda únicamente en el cálculo de cargas. Fundambiente impulsa el aprovechamiento del bambú en Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae), y especialistas como la bióloga Rosario Madriz, de la Dirección General de Diversidad Biológica del Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo, destacan que en el país existen cerca de 60 especies, siete de ellas del género nativo Guadua, distribuidas en regiones clave como los Andes, la Cordillera de la Costa y el Amazonas, más allá del diseño estructural, la trama intrincada de sus rizomas subterráneos fija el suelo, estabiliza taludes vulnerables a deslaves y protege las cuencas hidrográficas contra la erosión.

Asimismo, en el marco del programa formativo internacional liderado junto a la Organización Internacional del Bambú y el Ratán (Inbar), expertos nacionales como la investigadora Mercedes Medina, avanzan en la transferencia tecnológica y la discusión de marcos normativos que permitan certificar este bioinsumo dentro del código de edificación nacional.

Aprender a convivir con la dinámica de la Tierra requiere rigor científico y humildad ante las soluciones que la propia naturaleza ha ensayado por milenios. Al normar y validar el potencial estructural de esta planta, no solo edifica paredes más seguras: construye un modelo de desarrollo que sabe erguirse, ceder ante la ráfaga y mantenerse en pie como nosotros, su gente, quienes, a pesar de las adversidades, seguimos apostando por este suelo con sello venezolano.

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