El calzado influye sobre nuestra forma de andar, y un zapato mal ajustado puede originar alteraciones y malformaciones de los dedos. Además, un impacto inadecuado del pie en el suelo puede causar lumbalgias y enfermedades articulares degenerativas en el tobillo, la rodilla y la cadera.
De allí que los expertos recomienden que al elegir zapatos se tenga en cuenta qué actividades se van a efectuar con ellos, y qué terreno se va a pisar, ya que no hay que usar un mismo zapato para caminar y para correr, para la ciudad y para el parque.
El calzado deportivo, por su parte, debe adaptarse tanto a la actividad que se practique como al pie, brindándole agilidad y protección de las lesiones. Según las posibilidades económicas, es preferible usar calzado de buena calidad, porque el ahorro suele asociarse con una mayor incomodidad o menor durabilidad.
El podólogo José Jacinto Buenaventura cita algunas de las cuestiones que hay que tener en cuenta al elegir un calzado saludable, el cual debe adaptarse al pie y no al revés, y debe escogerse según su aplicación, comodidad y seguridad y no por su apariencia:
• Evitar los materiales que son demasiado rígidos o flexibles y buscar aquellos que sean transpirables y resistentes.
• Cambiar de calzado según la actividad, por ejemplo: trabajo, gimnasia, paseo, andar por casa. Según el experto consultado, es aconsejable tener dos o tres pares de zapatos para irlos alternando, tanto para mantenerlos como para variar el apoyo del pie.
• Huir de los cordones excesivamente apretados.
• Además de escoger un calzado correcto, hay que limpiarlo periódicamente y mantenerlos seco, lo que ayuda a prevenir los hongos y los problemas de sudoración excesiva y mal olor. La humedad producida por la sudoración excesiva empapa y ablanda la piel del pie, haciéndola más susceptible de formar ampollas, por lo cual se recomienda no llevar los mismos zapatos dos días seguidos, airearlos, usar calcetines absorbentes y aplicar a los pies desodorantes o polvos de talco.




