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Venezuela y Colombia en el horizonte del Llano

La llaneridad es una cultura compartida por ambas naciones

La llaneridad de Venezuela y Colombia, como composición de valores del hombre y la mujer, no está separada por la inmensidad de la sabana, como en aquel poema de Alberto Arvelo Torrealba donde la planicie de San Carlos aleja los ojos del enamorado de su amante, sino que los acerca para compartir un horizonte cultural.


La música con su cuatro, la vestimenta, las comidas, los mitos, entre otras manifestaciones, forman parte de las expresiones de ambas naciones.


Se trata de la tradición, un concepto definido por el historiador venezolano Mario Briceño Iragorry como la “trasmisión de los valores formados por los antepasados”, siendo también “comunicación, movimiento, discurso”.


Este flujo cultural está enlazado por el territorio geográfico; los dos países se vinculan por Los Llanos y la cuenca del Orinoco, pero también por una larga historia que se remonta aproximadamente al siglo XVII. Sin embargo, antes, esa región de América del Sur que cuenta con una extensión de más de seiscientos treinta mil kilómetros cuadrados, era el territorio de los arahuacos que buscaban refugio tras huir de los caribes. También es la región de muchos pueblos originarios. Con la colonización española, aconteció el mestizaje de blancos, indígenas y africanos, pero también llegó el ganado. Y así apareció la llaneridad.


Los primeros llaneros crecieron bajo costumbres rígidas, como indica Víctor Manuel Ovalles en “El llanero” (1905), ya que vivían diariamente bajo la moderación de sus recursos, la equitación (el arte de controlar a los caballos), el toreo y llegando al castigo severo a los hijos y otros trabajos arduos.


Esa formación que construía a sujetos con brío en las situaciones y espacios más adversos, contribuyó a que protagonizaran las guerras de independencia en esta región latinoamericana, lideradas por Simón Bolívar. Figuras como el venezolano José Antonio Páez y el colombiano Inocencio Chincá ejemplifican esta afirmación.


Sin embargo, tanto en siglos pasados como en el XXI, la llaneridad se manifiesta por sus expresiones artísticas que iluminan ese amplio horizonte, revelando la belleza de una cultura común.

Cabe destacar que el Día Nacional de la Llaneridad se celebra en Venezuela cada 19 de marzo en honor a las tradiciones de esta región y al Día de San José, patrono de Elorza, estado Apure. Igualmente, en Colombia se festeja el Día Nacional de la Cultura, Tradición e Identidad Llanera cada 25 de julio.

Cultura compartida

Música, danza y oralidad. El joropo venezolano y los cantos de trabajo de Los Llanos de ambas naciones son Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco. En el caso del joropo, solo es su variante llanera la que se vincula con Colombia, ya que en nuestro país este género es mucho más diverso: hay joropo tuyero, oriental, guayanés, larense y andino.

Simón Díaz se inspiró en los cantos de trabajo. Foto YVKE


Gastronomía. Sobresale la carne a la llanera, que consiste en preparar cortes con especias. Se cocinan y colocan en varas, especialmente de madera, sobre las brasas de leña.

Carne a la llanera. Foto YouTube


Mitos. Hay seres en la misma región, como la Bola de Fuego y el Silbón.

El Silbón es parte de los mitos. Foto Alba Ciudad

Vestimenta. Sombrero de ala ancha hecho de fieltro de pelo de animal, el liquiliqui o camisa y pantalón sencillos, y alpargatas, principalmente.

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