Han transcurrido 50 días desde el doble evento sísmico que sacudió a La Guaira y, para María Eugenia Goncalves, el tiempo no ha significado el final de la esperanza. Lleva casi dos meses en el mismo lugar con un propósito: encontrar a su hija, su nieta y a otros cinco integrantes de su familia que permanecen desaparecidos entre los restos del edificio Bahía Mar en Caraballeda.
“Estamos en el día 50 buscando a nuestros seres queridos”, expresó Goncalves, quien mantiene la búsqueda junto a familiares de las siete personas desaparecidas.
Entre ellos se encuentran su hija, de 35 años, quien se desempeñaba como manicurista; su nieta, de nueve; Aranza, de ocho años; Joendri, de 13; Jorman, de 37; su ex cuñado, de 80 años, y la esposa de este, de 67.
La última comunicación que recibió de su hija se produjo minutos antes del primer movimiento telúrico. A las 6:02 de la tarde, la joven envió un audio a Génesis, madre de Aranza, en el que le informaba que estaban colocando los bolsos en el vehículo para regresar a Caracas. Dos minutos después ocurrió el primer sismo.
Ese breve mensaje se ha convertido en una de las principales referencias para reconstruir los últimos momentos de sus familiares.
“Deducimos que iban camino al estacionamiento o estaban en el piso uno hacia planta baja para ir al sótano. No tenemos la certeza aún”, relató.
Una estructura que dificulta la búsqueda
El edificio, de 10 pisos, sufrió un colapso que lo partió y provocó el hundimiento de parte de la estructura. Esta condición ha convertido el acceso a los niveles inferiores en una de las principales dificultades para los equipos que participan en las labores.
Goncalves explicó que, con el apoyo de familiares y amigos, se ha logrado remover material de los niveles superiores para intentar abrir camino hacia las áreas donde presumen que podrían encontrarse sus seres queridos.
“Han sacado bastante, creo que ya van más o menos por la mitad de los pisos tres y cuatro, sacando lo máximo que se pueda para tener mejor acceso directo tanto a planta baja como a los sótanos”, señaló.
La familia también ha gestionado maquinaria especializada para avanzar en la remoción de los escombros. Una grúa telescópica fue alquilada durante cuatro días y posteriormente recibieron apoyo con equipos provenientes de organismos públicos.
A las labores se han sumado rescatistas procedentes de Guyana, quienes colaboran en las tareas de búsqueda y remoción. Goncalves explicó que la participación de estos equipos se produce luego de la salida de los rescatistas mexicanos, quienes se trasladaron para atender la emergencia ocasionada por el terremoto ocurrido en Colombia.

Una espera sostenida por la esperanza
Para Goncalves, cada máquina que llega al lugar representa una posibilidad de acercarse a la respuesta que espera desde hace siete semanas.
“Las máquinas son las únicas que nos pueden ayudar”, afirmó, al explicar que sin equipos especializados resulta prácticamente imposible acceder a las zonas más profundas de la estructura.
Durante este tiempo, familiares y allegados han mantenido una labor constante para conseguir los recursos y equipos necesarios para continuar la búsqueda.
La mujer reconoce que el proceso ha sido difícil, pero asegura que la esperanza de encontrar a sus seres queridos permanece intacta.
“No te imaginas toda la fortaleza que no sabemos de dónde la sacamos y nos damos fuerza los unos a los otros cada vez que nos quebramos”, manifestó.
A sus 50 días de búsqueda, María Eugenia no habla de rendirse. Su permanencia en el lugar está marcada por una promesa que comparte con las demás familias que aún esperan respuestas.
“Serán ellos mismos los que nos dan la fortaleza para poder estar aquí el día 50 y seguiremos aquí hasta que los encontremos”.
Mientras continúan las labores de remoción, la familia permanece atenta a cada avance. Para ellos, detrás de cada tonelada de escombros no solo hay una estructura por despejar, sino la posibilidad de reencontrarse con siete seres queridos cuya ausencia mantiene viva una espera que ya suma medio centenar de días.




