El mapa de la fe cambia en Venezuela

Hoy las iglesias evangélicas ganan terreno, el catolicismo resiste y los cultos ancestrales llenan los vacíos de la incertidumbre

Venezuela ya no reza bajo un solo dogma. El país de hoy se define por una compleja cartografía espiritual donde las iglesias cristianas no católicas ganan terreno a ritmo de vértigo, el catolicismo resiste y los cultos ancestrales o afrocubanos llenan los vacíos de la incertidumbre cotidiana.

El fenómeno real no es que los venezolanos estén dejando de creer en Dios, las encuestas de instituciones como el Centro Gumilla reflejan que el 97% de la población sigue siendo creyente, sino que la Iglesia católica ha perdido el monopolio de la fe, abriendo paso al crecimiento de otras religiones entre la indiferencia de los más jóvenes.

Jesús González de Zárate, arzobispo de Valencia y presidente de la Conferencia Episcopal Venezuela (CEV), aclara que “no hay forma de determinar con precisión el número de católicos ni de ningún grupo religioso en Venezuela’’.

Pero, el arzobispo reconoce que tradicionalmente se dijo que cerca de 80% de la población se profesaba católico, hoy los estudios lo ubican en 63%. La diferencia en esas cifras encuentra una explicación en un proceso “de secularización y descristianización que también nos afecta a nosotros’’, apunta el prelado.

“Los padres prefieren que los hijos escojan su propia religión, por lo que, en nuestro país, entre la población más joven (25 a 35 años), afirman no profesar ninguna religión’’, analiza el presidente de la Conferencia Episcopal a Últimas Noticias.

Un estudio de la consultora DatosUN, que el lector puede revisar ampliamente como parte de este reportaje, confirma la proporción de católicos ofrecida por las instituciones. Según la encuesta, 63,5% de los participantes se declaró católico. Le sigue el cristianismo no católico —que agrupa denominaciones evangélicas, pentecostales y otras corrientes protestantes— con el 28,8%. En tercer lugar aparecen el ateísmo y el agnosticismo con el 4,7%. Las demás opciones se ubican por debajo del 3%. La tercera religión en Venezuela es la santería con 2,7%, ubicándose por encima del judaísmo (1,2%), las religiones indígenas (1,2%), el budismo (1,1%), el islamismo (0,7%) y la palería (0,7%).

Católicos, apostólicos y romanos

Domingo de misa en la Iglesia de la Coromoto en el sector La Cochinilla en Barinitas, estado Barinas.

La iglesia católica se materializa en Venezuela a través de 43 iglesias locales (nueve arquidiócesis, 27 diócesis, tres vicariatos apostólicos (iglesias con mayor presencia de pueblos indígenas), dos iglesias católicas de ritos orientales, (como Iglesia San Charbel, ubicada en Caracas), y el Ordinariato Militar que asiste espiritualmente a los integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Monseñor indicó que, si bien el número de parroquias se ha incrementado cerca de 30% en los últimos 30 años, todavía su número resulta insuficiente para atender las periferias urbanas de las grandes ciudades, por lo que a muchos fieles se les dificulta acceder a los servicios religiosos. A tal desafío pastoral se le ha dado respuesta a través de opciones novedosas, como las comunidades cristianas de laicos, es decir, personas que no son ni curas ni monjas.

Por su parte, el sacerdote jesuita Numa Molina coincide en que existe un “decrecimiento de la religión católica en Venezuela’’.

A la luz de esos estudios, Molina cita que en el año 1991 el número de católicos en Venezuela era del 86%, mientras que en 1994 bajó a 82% y en 2024 registra 63%. “Como vemos hay una baja no alarmante, pero considerable’’, comentó a Últimas Noticias.

Y en cuanto a las causas de ese decrecimiento en la religión católica, el sacerdote apunta al alejamiento de la iglesia para con los sectores más vulnerables, donde precisamente ha ido creciendo la comunidad cristiana no católica, cuyos miembros han acometido una campaña de acercamiento a las capas pobres del país.

Molina aclara que la iglesia católica venezolana igualmente se acerca a esos sectores empobrecidos, pero sugiere que es preciso deslastrarse de cierta “estructura y formación’’ presente en la Iglesia Católica. El también comunicador social, dice que en la iglesia católica existe la tendencia a resolver todo con ir a misa el domingo, sin realizar un trabajo que aborde a la sociedad en general y ganarla a la fe cristiana.

“El católico no es proselitista, no está interesado en ganar a más miembros para la Iglesia Católica, porque como siempre hemos sido mayoría, entonces se queda durmiendo en los laureles’’, indicó el sacerdote.

Pese a la disminución porcentual, la vida sacramental mantiene dinamismo: el Anuario Pontificio 2025 registra más de 151.000 bautismos y 1.765 matrimonios eclesiásticos en un solo año.

Feligreses católicos en el Santuario María Auxliadora en la avenida Andrés Bello de Caracas.

Aunque no anda detrás del creyente, la Iglesia cuenta con el apoyo de la Asociación Venezolana de Educación Católica (Avec) cuya principal misión es desarrollar una labor de evangelización a través de la educación.

“Creemos en una educación integral y una educación integral es atender la espiritualidad de la persona. No hacemos el énfasis de que tienes que recibir la educación católica, pero si queremos que quede claro que somos una institución católica, somos el brazo educativo de la Iglesia”, declara su presidente, Ángel Tovar, a Últimas Noticias.

Señala que actualmente tienen una matrícula de 339.411 niños y jóvenes en todo el país. Estos estudiantes son atendidos en los 1.003 centros educativos afiliados, de los cuales 842 son colegios que funcionan bajo el histórico convenio con el Ministerio de Educación y el restante 161 son autosustentables.

“Nuestras escuelas aceptan niños de todas las religiones, no están obligados, pero todas nuestras escuelas tienen educación religiosa escolar, es decir, en todas las instituciones se atiende de alguna manera lo espiritual”, enfatizó.

Comentó que todas las escuelas que están con el convenio con el ministerio de Educación tienen que atender poblaciones vulnerables, que están en sectores populares, en zonas rurales, zonas indígenas, de minería, zonas de fronteras.

Por ejemplo, citó que la Avec tiene centros educativos que atienden a población indígenas en Machiques, estado Zulia, así como en Apure, Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro.

Además, cuenta con 9 centros de educación especial, dirigidos a niños con discapacidad, 41 casas hogares y 29 institutos radiofónicos, que son emisoras radiales que mantienen programas educativos.

Explicó que la Avec es un brazo de servicios de la Confederación de Religiosos y Religiosas de Venezuela, que es donde están todas las congregaciones aprobadas por el Vaticano que hacen vida en nuestro país.

“El énfasis es buscar la gestión de la calidad educativa, que nuestras escuelas sean espacios de ejercicio evangelizador; tener una gestión administrativa sustentable, donde respetemos la naturaleza, a las personas y el uso de los materiales y luego que tengamos un liderazgo eficaz y eficiente”, especificó.

Agregó que entre los retos al futuro está a afrontar el déficit de educadores en el país, así como la necesaria reforma curricular para adecuar la gestión educativa a los nuevos tiempos, “seguir atendiendo con calidad en medio de la crisis”.

El refugio inmediato de los cristianos

Los evangélicos, como genérica y erradamente se les llama a los cristianos no católicos, representan el 22% de las creencias que profesa el venezolano, según la investigación realizado por la Fundación Gumilla. Detrás del auge de la fe no católica en el país se esconde un mosaico complejo de corrientes teológicas.

En el país hay presencia de las iglesias bautistas y libres que llegaron a finales del siglo XIX. Su estilo es intelectual, centrado en el estudio de la Biblia, con estructuras democráticas y cultos tradicionales.

A mediados del siglo XX irrumpió el pentecostalismo clásico. Organizaciones como las asambleas de Dios expandieron la fe hacia los sectores populares mediante la doctrina del bautismo en el espíritu santo, la sanidad divina y cultos de alta intensidad emocional

A la Iglesia Evangélica Pentecostal Las Acacias (estos sí evangélicos propiamente dicho) todos van a “recargar las pilas con el fuego del Espíritu Santo’’, tal como lo dijo una asidua visitante del templo ubicado en El Cementerio, Caracas. Esa iglesia en particular nació hace 70 años, siendo sus primeras reuniones en Propatria, bajo la guía de sus pastores Nancy y Samuel Olson.

“Ríndete al Señor’’, dice Olson para abrir su breve predicación en el culto dominical que celebran en el teatro de Las Acacias, con capacidad para 300 personas aproximadamente.

La de Las Acacias es la iglesia más importante de la corriente pentecostal en Venezuela. Concretamente, esa sede congrega a 6 mil almas en sus distintas actividades semanales. A nivel nacional, la corriente agrupa a un aproximado de 10 mil seguidores, según cálculos de algunos de sus pastores.

A los ministros del culto les preguntamos cómo hacían para ganar creyentes en sus iglesias. Las respuestas no exhiben una “receta’’ común, sino una multiplicidad de estrategias que van desde las clásicas campañas evangélicas hasta las jornadas de Pan y Vida.

En las campañas evangélicas se suelen colocar tarimas al aire libre con grupos musicales que tocan canciones “de avivamiento’’, de ritmo alegre, para atraer a las almas que buscan a Dios. Después de un popurrí de coros pentecostales, viene el bloque de oración de alabanza, esa que no se guía por fórmulas escritas, sino que brota de la improvisación de los fieles quienes cierras sus ojos y alzan los brazos al cielo implorando, glorificando al Señor Jesucristo, entregando su alma y proclamándolo como el único Dios, entre otras manifestaciones de fe.

Un esquema similar se observa en el culto dominical de Las Acacias, Caracas, donde un grupo musical con batería, trompetas, bajo y guitarra eléctrica, va ensayando mientras llega la hora de iniciar la asamblea.  La pantalla central refleja una cita del libro de Los Hechos del Nuevo Testamento, extraída del capítulo 2, versículos 46-47: “A diario acudían fielmente e íntimamente unidos al templo…el Señor iba incorporando a la comunidad a cuantos se iban salvando’’.

Precisamente la predicación central de los pentecostales es el tema de la salvación. La salvación de la condenación eterna. Y para ello, debes profesar arrepentimiento y aceptar a Jesús como tu salvador, prédica que repiten frecuentemente los pastores.

La expectativa se acrecienta cuando colocan la hora en pantalla anunciando que ‘’nuestro culto comienza en…’’. De allí transcurre media hora de coros pentecostales hasta que aparece en escena el pastor Samuel Olson, trajeado de paltó y corbata. No habla mucho. Y con frases cortas dirige la oración de sanación. “¿Estás enfermo? El Señor está aquí’’. Pronunciada la frase, inicia una oración dirigida exclusivamente a pedir por la salud de los presentes. Los fieles se sumergen en esa oración hasta que el pastor de turno comienza un ciclo de cortas predicaciones basadas en lecturas bíblicas, al final de las cuales preguntan quién de los presentes desean ‘’recibir a Jesucristo como el señor de sus vidas’’. A quienes levantan la mano los invitan a pasar a un salón ubicado a un costado del escenario principal. Posteriormente, los bautizan sumergiéndolos en una piscina, para recordar el bautizo de Jesucristo en el río Jordán.

Los pastores consultados dicen que, con esas invitaciones al arrepentimiento, la iglesia mantiene un ritmo de crecimiento en sus más de 1.600 iglesias en todo el país. 

Pero además de esa invitación al arrepentimiento, la Iglesia Pentecostal Las Acacias tiene otras maneras de acercamiento para captar seguidores, marcado por la atención en lo social con las Jornadas de Pan y Vida que incluye asesorías legales, consultas médicas, entretenimiento para niños y peluquería, entre otros.

Sin embargo, el verdadero auge se dio en las últimas tres décadas con la llegada del neopentecostalismo o movimiento carismático, que son decenas de iglesias independientes todas unas de otras. Redes como el Centro Cristiano para las Naciones (CCN), o la Iglesia Maranatha Venezuela, liderada por el exdiputado Javier Bertucci, transformaron el panorama.

En el CCN, cuyo principal templo se ubica en el Centro Comercial Los Chaguaramos, Caracas, puede alcanzarse entre 700 a 1.000 personas cada uno de los varios servicios de fin de semana. Las actividades de calles forman parte de la estrategia para captar seguidores. Pasan de 500 las iglesias en el interior del país donde se congregan un aproximado de 6 mil almas, según apóstoles consultados.

La aceptación de Jesucristo como Salvador es la prédica principal de esta iglesia evangélica. Ese acto de fe se puede realizar en los cultos o en jornadas especiales de oración, bien desarrolladas en los templos o al aire libre.

Guido Raúl Ávila y Elba de Ávila aparecen como los principales apóstoles del CCN. Y además existe una multiplicidad de pastores predicadores de la palabra y administradores de los sacramentos cuyas actividades son difundidas frecuentemente en sus redes. 

Para efectos de su misión evangélica, el CCN dividió a Venezuela en seis regiones: occidente (Ciudad Ojeda), centro-occidente (Barquisimeto), centro (Maracay), capital (Caracas), Miranda (Guatire) y sur oriente (Maturín), reseñan los boletines de prensa.

Las asambleas en Caracas, específicamente en el templo del Centro Comercial Los Chaguaramos, pueden alcanzar entre 700 a 1.000 personas. Las actividades de calles forman parte de la estrategia para captar seguidores. Pasan de 500 las iglesias en el interior del país donde se congregan un aproximado de 6 mil almas, según los apóstoles consultados.

El jefe del Gobierno del Distrito Capital, Nahum Fernández, quien predica la fe cristiana no católica, asegura que esta “ha aumentado por millones en Venezuela y la Iglesia Católica se mantiene, eso nos da un número entre 80 y el 90 por ciento de la población total venezolana que es cristiana, que cree en Jesucristo”.

En su opinión, este crecimiento exponencial de la iglesia cristina no católica se debe a “no tener un intermediario entre Dios y la persona (…) entregarle al pueblo a Jesucristo sin ataduras, no con reglas, que la gente pueda exponerse a Jesús y formar parte de su vida diaria”.

Fernández coincide en que hay una generación más joven, de 25 años hacia abajo influenciados por el internet y la globalización que no se acerca a las religiones, “pero después de los 25 años la gente empieza a enseriarse y a buscar respuestas y busca hacia la fe”.

Finalmente, dentro del ala no católica, encontramos la Iglesia Evangélica Luterana. En Venezuela cuenta con más de un siglo de historia fuertemente entrelazada con la inmigración del norte y centro de Europa.

Dentro del ala no católica, encontramos también a la Iglesia Evangélica Luterana, cuyo símbolo arquitectónico es la iglesia “La Resurrección”, ubicada la urbanización Altamira en Caracas. Se caracteriza por una teología enfocada en los pilares fundamentales de Martín Lutero y un fuerte compromiso social.

La historia se fracturó exactamente el 31 de octubre de 1517, cuando un monje católico alemán llamado Martín Lutero clavó 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Lutero no quería fundar una nueva religión; quería reformar la Iglesia Católica. La respuesta del Vaticano fue la excomunión. De esa gran división nacieron las primeras iglesias reformadas europeas: los luteranos, los presbiterianos (calvinistas) y los anglicanos.

Teológicamente, los anglicanos representan un puente único: conservan la misma estética y orden litúrgico de una misa católica tradicional. Con una diócesis canónica establecida en el país desde 1967, la iglesia mantiene una labor de bajo perfil, pero constante, canalizando con frecuencia planes de respuesta humanitaria y sanitaria en sectores vulnerables.

Por su parte, el testimonio presbiteriano formal comenzó con la fundación del emblemático Colegio Americano de Caracas en 1896, un esfuerzo educativo de misioneros estadounidenses que buscaba ofrecer educación de alta calidad bajo principios cristianos, pero sin el control de la Iglesia Católica.

En 1897 se consolidó la iglesia presbiteriana El Redentor, cuyo templo histórico, ubicado de manera diagonal a la plaza La Concordia en Caracas, ostenta el título de ser la congregación evangélica-protestante más antigua de la capital.

Culto Evangélico Iglesia El Redentor en La Concordia, la más antigua de Caracas. Foto Brayant Herrera

Reformas y más cristianos

También hay otros grupos de “restauración posterior” nacidos en el siglo XIX en los Estados Unidos, como La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (los llamados mormones), o los Testigos de Jehová, que poseen dogmas y escrituras completamente diferentes.

La Iglesia de los Santos de los Últimos Días tiene presencia en el país desde 1955 aunque se registró oficialmente como asociación religiosa en 1966 a partir del cual mantienen un trabajo misionero basado en el Libro del Mormón y la Biblia (antiguo y nuevo testamento).

“Nuestra expectativa es ayudar, prestar servicio, mejorar la calidad de vida de las personas enseñándoles valores cristianos, principios, mandamientos”, explicó el líder del culto, llamado “setenta de área”, Élder Juan Zorrilla, quien además administrativamente es un gerente nacional de la organización en Venezuela, donde tienen 235 unidades en todo el país, que son centros de reunión o capillas. “Lo que hacemos es predicar el evangelio, prestamos ese servicio, además de otros a la comunidad”, dice a Últimas Noticias.

Actualmente registran 179.389 feligreses en todo el país. Ubicados en cuatro consejos de coordinación, que son Maracaibo, Valencia, Caracas y Barcelona.

Zorrilla considera que esta organización religiosa ha crecido en el país con base a la sed de valores en la población. “El interés de las personas, precisamente ese espacio vacío que muchas veces tenemos. Yo soy un converso, una persona que no fue nacida en la iglesia, me casé muy joven, pero tenía el deseo de ser mejor persona. Ese es nuestro norte, poder hacer que las familias puedan estar juntas para siempre”, dijo.

Recientemente se anunció que se construirá un segundo templo en Maracaibo para atender a la región occidental. También tienen otras 235 unidades en todo el país, que son centros de reunión o capillas. “Lo que hacemos es predicar el evangelio, prestamos ese servicio, además de otros a la comunidad”.

Explicó que divulgan su palabra principalmente a través de un programa misional, “quizás los han visto en las calles, son jóvenes entre 18 y 25 años. Los hombres prestan servicio misional por dos años y las hermanas por 18 meses. En ese tiempo que predican el evangelio están dedicados al 100 por ciento”.

Recordó que inicialmente en estas labores misioneras participaron jóvenes norteamericanos y luego se fueron agregando jóvenes venezolanos, “ahora estamos un 90% de venezolanos y solo 10% de extranjeros”.     

Comentó que esta organización religiosa ha prestado servicio social en el país desde el año 2023 y han aportado 2,5 millones de dólares en ayuda a la comunidad, distribuido de la siguiente manera: 1,9 millones en emergencias relacionadas con el dengue y la malaria instrumentalizado a través de organizaciones como International Medical Corp y Proyecto Hope.

“Además hemos ayudado en un promedio de 500 mil dólares con programas que benefician a las comunidades vulnerables. Y además tenemos una iniciativa de autosuficiencia y emprendimientos, que hacemos desde hace unos 10 años, para emprender negocios propios. Otra cosa que hacemos es enseñar inglés, a los miembros inicialmente, y se invita a la comunidad”, comentó.

Los yoruba ancestrales y María Lionza

Devotos acuden a las montañas de Sorte en Yaracuy para celebrar el culto a la diosa María Lionza.

Así como miles están caminando hacia los templos evangélicos, otra creciente marea de creyentes busca en la religión yoruba, coloquialmente llamada santería, las respuestas y la protección que las instituciones tradicionales ya no alcanzan a ofrecer.

Alexander Torrealba, coordinador del bienestar social de la Unión de Religiones Ancestrales y presidente de la Casa Religiosa Afrodescendiente La Prodigiosa, asegura a Últimas Noticias que el culto “ha crecido muchísimo, tanto así que lo estamos catalogando ya como la tercera religión más practicada aquí en Venezuela”, lo que atribuye a que la Constitución Nacional de 1999 garantizó la libertad de culto.

“A partir de ese artículo el 59, a partir de esa libertad de religiones se ha desarrollado un incremento, de verdad, muy grande en todo el territorio nacional con respecto a las religiones ancestrales”, comenta.

Torrealba afirma que los yorubas no prohíben que profesen otra creencia. “La religión yoruba es amplia, no tiene prohibición” y ello lo lleva a asegurar que “las estadísticas dicen que, por lo menos, el 70% de los venezolanos prenden una velita e invocan un santo yoruba, un santo religioso, un santo ancestral”.

Recuerda que “la religión yoruba se basa en los orichas, que son nada más y nada menos que representaciones de nuestra propia naturaleza, energía y representaciones de la naturaleza, por ejemplo, Yemaya, que representa al mar, Changó, que representa el trueno, representa el tambor, que representa la alegría, Oshún, que representa el amor, representa las aguas dulces, la riqueza”, pero “es muy mezclada, va de la mano también con la parte de la religión católica. Por ejemplo, en la parte de la sincretización dicen que chango es Santa Bárbara, identifican con la Virgen de la Regla, que es muy venerada en Cuba, la sincretizan con la Caridad del Cobre. Aquí en Venezuela se ha presentado un fenómeno también en la parte de la sincretización”.

Aunque la religión yoruba no es lo mismo que el culto de María Lionza, Torrealba explica que existe una unión entre las religiones ancestrales.

“El culto de Ocha es a los Oricha, el culto de María Lionza es el espiritismo, más sin embargo entre la unión de las religiones ancestrales, muchos religiosos antes de realizarse la ocha tienen que ir al espiritismo y escuchar los consejos de María Lionza. O sea, es como un engranaje entre todas las religiones ancestrales”, explica.

Este sincretismo se respira con especial fuerza en el Monumento Natural Cerro María Lionza, en la región de Sorte en el estado Yaracuy.

La leyenda original de María Lionza habla de una princesa indígena de ojos verdes, llamada Yara, que fue raptada por una gran serpiente y que, al fundirse con la naturaleza, se convirtió en la protectora de los bosques, la fauna y los ríos. Con la llegada de los españoles y los esclavos africanos, el nombre de Yara se popularizó como Nuestra Señora de la Onza, y más tarde adoptó el nombre de María Lionza.

Con el paso de los años, el culto se estructuró en torno a una trilogía central: María Lionza, fuerza de la naturaleza; el Cacique Guaicaipuro, símbolo de la resistencia indígena; y el Negro Felipe, representante de la lucha de los afrodescendientes.

Pero, fue en 1960 cuando la montaña de Sorte, en el municipio Chivacoa, fue decretado Monumento Natural, que el lugar se convirtió en el epicentro mítico religioso en torno a la reina.

A la par, la santería, nacida originalmente en Cuba, fue incorporando las deidades orishas africanas Elegguá, Obatalá, Oshún y Changó, asociándolas con santos católicos, como Santa Bárbara y José Gregorio Hernández.

Este movimiento, junto a las llamadas “cortes espirituales”, como la Médica, la Malandra y la Vikinga, entre otras, se incorporan al culto a María Lionza en una devoción que en Yaracuy cada vez toma más fuerza.

Por eso, hoy es común ver altares en la montaña de Sorte con imágenes de yeso de la Reina María Lionza sobre la danta, junto a platos decorados y collares dedicados a los orishas africanos.

Para Graznaya González Santana, nacida en La Guaira en el año 1963, pero viviendo en la montaña de Sorte desde que tenía apenas un año, su fe en María Lionza es más que simple religión, es su vida.

Ella además de ser la directora de la fundación Mi Reina María Lionza Aborigen Yara, es la protectora del altar mayor que se encuentra en la entrada del monumento natural María Lionza, portal de los primeros en instalarse en la zona, junto a los de Buchicabure, Aracal y Quibayo.

“Yo vivo en mi cabaña aquí mismo en la montaña, junto a mi reina María Lionza, sirviéndole y contribuyendo a que su culto siga creciendo en la región”, destacó la fiel creyente.

Mencionó que, aunque cada sector tiene sus seguidores, todos conviven como una gran familia que se une en momentos especiales, como en la víspera del 12 de octubre, cuando se celebra el ya célebre Baile en Candela. Ese día todos rinden honores, bailando sobre brasas ardientes, a su adorada diosa de la montaña.

González Santana aclaró que la devoción a María Lionza no está reñida con la fe católica; por el contrario, siempre está Dios de primero y luego el culto a la reina.

“Mi experiencia espiritual combina la fe a Dios con mi devoción a María Lionza y su manifestación en la naturaleza. Dios está en todas partes, él bendijo todas las naciones del mundo, y nuestra reina está aquí con nosotros, en la montaña”, concluyó.

En Venezuela también conviven y se mantienen otras creencias de los pueblos originarios, al respecto, Eufrasio Jiménez, del pueblo warao, dice que los pueblos originarios siguen sus creencias. “Claro, a la vez puedes creer a un Dios que los misioneros nos inculcaron”. Sin embargo, deja claro que para los pueblos indígenas “la religión sería católica, pero las creencias nuestras no son religión”.

“Nosotros miramos el universo al cielo, vemos la luna, por medio de la luna nuestro ancestro decía: llegó el tiempo de los cangrejos, el tiempo de la marea, para ir al conuco, el tiempo de para cortar un palo, para hacer casa, el tiempo de la recolección de fruta silvestre y así sucesivamente. Eso es nuestra creencia y la creencia todavía la seguimos. Creemos en Dios porque nos inculcaron los misioneros”, explicó a Últimas Noticias.

Judíos y musulmanes tienen presencia

El mapa de la fe en Venezuela alberga también minorías que han echado raíces profundas a través de la inmigración. Aunque representan un porcentaje menor, el islam y el judaísmo ofrecen identidades marcadas que sobreviven y resisten a los tiempos.

Miguel Truzman, coordinador nacional de la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela, recuerda que desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX ya se consolidaba una comunidad judía en diferentes partes del país. Aunque hoy en día no hay un estudio que certifique la cifra exacta, dice que actualmente “podemos calcular que pueden haber alrededor de 5.000 judíos en la comunidad” y “hemos tenido la noticia de que están regresando algunas familias” al país.

A pesar del descenso principalmente originado “por las circunstancias económicas”,  Truzman afirma que los judíos “estamos muy activos en todas nuestras festividades, conmemoraciones, tanto patrias como religiosas (…) como venezolanos judíos nos sentimos tranquilos, (…) como comunidad mantenemos una vida cotidiana normal, practicamos nuestra fe sin un problema en todas nuestras sinagogas, en los centros de estudio, en los colegios, sin ningún tipo de impedimento ni restricción”, asegura a Últimas Noticias.

Caracas también cuenta con la mezquita SheikhIbrahim Al Ibrahim, la más grande en el continente americano, en ella reciben diariamente “hermanos musulmanes de más de 30  nacionalidades que conviven aquí en Venezuela, y  también acuden a la mezquita hermanos venezolanos que quieren saber sobre el Islam”, dice a Últimas Noticias Khalil Abdul Hade, director de la Liga del Mundo Islámico en Venezuela, quien administra este templo desde 2003.

Señala que, por ser una religión minoritaria no se cuenta con la estructura de los países mayoritariamente musulmanes, es decir, no hay una personalidad que es el mufti, aquí tenemos son guías religiosos en diferentes mezquitas.

El imán de la mezquita, Omar, explica que en el Islam “la oración no es obligatoria en la mezquita, la persona reza en el lugar en donde se encuentra. No hay ninguna condición de lugar, ni de un ambiente especial para la oración, que es una obra, un acto de adoración personal dirigido a Dios directamente, sin intermediario, sin intercesor (…). La persona, dirigida en dirección de la Meca, inicia su oración recitando unos pasajes del Corán, luego hay alabanzas y glorificaciones en inclinación y prosternación, que significa que la persona se tumba hasta que su frente llega a tocar el piso. El valor de Dios en mi vida a través de la oración empieza con la obediencia a Dios”.

Ortodoxos y católicos maronitas

Durante el siglo XX gracias a las sucesivas oleadas de inmigración europea, árabe y asiática sembraron sus tradiciones ancestrales en el país.

En el paisaje religioso, el cristianismo ortodoxo, (se separaron de Roma en el año 1054 y no reconocen la autoridad papal), viajó en las maletas de miles de refugiados e inmigrantes europeos y de Medio Oriente. Aunque dogmáticamente son la misma Iglesia, en el país conviven bajo el origen de sus colonias.

La Iglesia Ortodox Rusa floreció a finales de la década de 1940, cuando el país abrió sus fronteras a los desplazados de la Segunda Guerra Mundial y a los exiliados que huían del régimen bolchevique de la Unión Soviética. El epicentro de esta comunidad en Caracas se encuentra en la Catedral de San Nicolás, cuyas llamativas cúpulas verdes evocan la arquitectura clásica de Nóvgorod, aún hoy se preserva el idioma eslavo eclesiástico en sus rezos.

Por su parte, la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla (vinculada a la colonia griega) cuenta con varios templos distribuidos a nivel nacional. Van más allá de lo espiritual: funcionan como los verdaderos custodios de su identidad, donde las nuevas generaciones de venezolanos con raíces griegas aprenden el idioma de sus ancestros, celebran festividades tradicionales de la primavera y mantienen viva una profunda conexión comunitaria en torno al templo.

En la urbanización Lagunita Country Club en Caracas, el paisaje urbano se rompe con una estructura que evoca a los montes de Transilvania: la Iglesia Ortodoxa Rumana de San Constantino y Santa Elena, es uno de los pocos templos de su tipo construidos fuera de Europa. Su interior está decorado con impresionantes frescos de arte bizantino plano y bidimensional que, en un emotivo guiño a la tierra que los acogió, incluye una pintura de la Virgen de Coromoto.

En el sector de Quebrada Honda, de Caracas, se yergue el Monasterio de San Chárbel, donde opera la Iglesia Católica Maronita. A diferencia de los ortodoxos, los maronitas sí están en plena comunión con el Papa en Roma, representan una de las ramas católicas orientales más antiguas del mundo con su ritos particulares, originaria de El Líbano.

En sus misas dominicales, la feligresía, compuesta principalmente por la activa colonia sirio-libanesa del país, reza las plegarias y cantos litúrgicos combinando el español con el árabe y el antiguo siríaco.

El misticismo oriental también echó raíces en tierras venezolanas, transformando casas de zonas residenciales en portales a la India. El hinduismo ingresó al país a través de comerciantes y profesionales, pero su expresión más pública y visible pertenece al movimiento Hare Krishna con templos ubicados en zonas como San Bernardino y Colinas de Bello Monte en Caracas. Así, la religiosidad en el país se mantiene como un fenómeno dinámico, complejo y profundamente arraigado en la vida social de los venezolanos.

Investigaron para este reportaje Mariela Acuña, Julio Pereira, Eligio Rojas, Reinaldo Linares, Lewis Pereira, Elianeth Hernández y Carlos Vielma.

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