Aléjese de las grasas “trans”

Las grasas “hidrogenadas” o transgrasas, que se emplean en los alimentos elaborados como la bollería y los fritos industriales, son para la salud “lobos con piel de cordero”, porque actúan como grasas saturadas una vez que se hallan dentro del organismo y se debe limitar su consumo.
Según recientes estudios, si la energía que recibe una persona de la ingestión de grasas aumenta en el 2 % y este aumento proviene de las grasas ‘trans’, su riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular puede aumentar hasta el 23 %. Y es que las grasas “trans” no sólo disminuyen el colesterol bueno (HDL) y aumentan el malo (LDL), sino que, además, promueven la inflamación de los tejidos, sobre todo en las personas con obesidad y elevan la incidencia de la diabetes.
La cuestión es ¿sabemos distinguir productos con esas grasas? Según la doctora Luz García, nutricionista, es aconsejable leer las etiquetas de los productos para ver si contienen aceites hidrogenados o algún “aceite vegetal parcialmente hidrogenado”, lo cual significa que contienen transgrasas. Esta experta aconseja limitar el consumo de estos alimentos industrializados y considerar a las grasas “trans” que contienen como “saturadas”, equivalentes a las de las carnes rojas, y que tanto perjuicios ocasionan para la salud cardiovascular puesto que han sido relacionadas con un mayor riesgo de cáncer de mama y parecen agrandar las células adiposas, promoviendo el sobrepeso.
La especialista insiste en la importancia de leer la información nutricional en todos los productos, incluso en los alimentos denominados “sin grasas “trans””, ya que algunos fabricantes usando aceites tropicales, como los de coco o palma, para reemplazar las grasas “trans”, los cuales también son ricos en grasas saturadas y es conveniente controlarlos.
Quienes consumen grasas saturadas, que se encuentran con mayor frecuencia en las comidas de origen animal o procesado, tienen más riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

REDUCIR EL CONSUMO
Saturadas, omega 3 y omega 6, trans, monoinsaturadas, poliinsaturadas. Todas las grasas son necesarias para el organismo, pero no todas tienen los mismos efectos. Para que no repercutan en la salud hay que saber “cuál es cuál”. Las grasas saturadas son uno de los principales componentes de las dietas occidentales y están presentes en las carnes de mamíferos y aves, la leche y los productos lácteos enteros, así como en los denominados aceites tropicales como los de palma o coco, y también en las margarinas. Hay que recortar su consumo, comiendo más porciones pequeñas de carne magra y queso, quitando la piel de los pollos y gallinas, aumentando el consumo de productos lácteos bajos en grasas y comiendo menos cantidad de comidas altas en grasas como los helados de crema y la mantequilla.

LEER LA ETIQUETA
¿Por qué le interesa leer detenidamente las etiquetas de los alimentos envasados? Porque aportan una información muy útil que permite conocer las principales características del producto, establecer una relación entre su precio y calidad, valorar su posible impacto en la salud y ver si se incluye dentro una dieta equilibrada y saludable, señalan los expertos en consumo.
Además de informar sobre la composición, naturaleza, cualidades, cantidad, origen o elaboración de un alimento, la etiqueta representa el compromiso del fabricante con el consumidor de que el producto que va a comprar e ingerir reúne las condiciones que exige la normativa vigente.
Aunque depende de la legislación de cada país, el etiquetado del envase suele ofrecer una información general sobre el alimento o bebida que contiene, así como datos nutricionales, como las calorías que aporta el producto, sus nutrientes, cantidad de fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos.
¿Qué datos suelen figurar en el etiquetado de los envases? Desde la denominación, su categoría (extra, primera, segunda…) y tamaño, hasta su lista de ingredientes, grado alcohólico, peso (en el caso de los alimentos sólidos) y volumen (para los líquidos), pasando por sus fechas de caducidad y de consumo preferente.
Según los expertos en nutrición, es importante leer las etiquetas no sólo para beneficiar al bolsillo, sino también a la salud. Conviene conocer y tener presente su información porque:
– Permite evitar las grasas saturadas: la etiqueta nutricional permite conocer el contenido del alimento en estos compuestos especialmente nocivos para la salud cardiovascular, ya que se acumulan en las arterias estrechando su diámetro interior.
– Se necesita saber lo que ingiere: no se trata de artículos que utilizaremos, como la ropa, una herramienta o un detergente, sino de productos que introducimos en nuestro cuerpo, llegan al torrente sanguíneo y afectan nuestras células y tejidos.
– Ayuda a comparar calidades: la información nutricional de alimentos similares puede ayudar a despejar las dudas sobre cuál es el más conveniente. Las comparaciones pueden deparar algunas sorpresas, como comprobar que dos mermeladas “bajas en calorías” se diferencian considerablemente en cuanto a la cantidad de azúcar que contienen.
– Contribuye a mantener la línea: la cantidad de calorías indicada en la etiqueta brinda una idea de lo que engorda un determinado alimento. También da una pista sobre cómo conviene distribuir el resto de calorías que han de consumirse a lo largo de la jornada por medio de otras comidas.
– Brinda información sobre sal y azúcares: tanto el contenido de sodio, contraindicado para las personas con hipertensión o retención de líquidos, como los de compuestos dulces o glúcidos, que deben tomarse bajo estricto control si se padece diabetes, deben valorarse cuidadosamente. Un consumo excesivo de estas sustancias, que pase inadvertido, puede traer complicaciones severas a las personas con problemas de salud.

MALES DEL EXCESO
“Las calorías que se ingieren en forma de grasas, se acumulan en el cuerpo más que las ingeridas en forma de azúcares, proteínas o carbohidratos, las cuales sufren más transformaciones y se van eliminando; en cambio las grasas alimentarias apenas se transforman en el tracto digestivo”, señala el médico nutricionista Gregorio Mariscal Bueno, quien agrega que, para adelgazar o quemar el exceso adiposo se puede mantener una alimentación baja en grasas, pero no exenta de estas sustancias, lo cual se consigue reduciendo el consumo los alimentos más ricos en grasas animales saturadas.
También conviene restringir el consumo de algunos alimentos vegetales o de origen vegetal ricos en grasa, como son los aceites de palma y coco, aceite de girasol y otras semillas, y los frutos secos, así como la fructosa o azúcar extraída de las frutas.
Según Mariscal Bueno, “no es la cantidad de gramos de grasas que se consumen la que nos hace engordar, sino el exceso de calorías que se acumulan al ingerir más de las que quemamos”. A su vez, la carencia de lípidos debida a una alimentación muy pobre en estas sustancias, puede ocasionar desequilibrios enzimáticos, metabólicos y hormonales, lesiones por la ausencia del ácido linoleico esencial que transportan y otros problemas, dado que el organismo no puede prescindir de las grasas durante un tiempo largo sin sufrir serios trastornos y deficiencias.

 

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