Dorado que alimenta

La dieta diaria no siempre aporta las cantidades necesarias de betacarotenos: unos pigmentos antioxidantes de color amarillo-naranja, que nos protegen de los efectos de la edad, previenen las principales enfermedades y resguardan nuestras células del deterioro y la degeneración.

Estos saludables pigmentos, no sólo confieren a la zanahoria, el melón, el albaricoque, el tomate e infinidad de frutas y verduras su característico color brillante, sino que, además, proporcionan al organismo humano una potente protección natural contra el envejecimiento y los agentes ambientales como las radiaciones ultravioletas, y contra algunos de sus principales enemigos mortales como el cáncer y los trastornos cardiovasculares.

El betacaroteno, también denominado caroteno-beta o provitamina A, es el más conocido de los carotenoides: una familia de pigmentos naturales amarillo-naranja, que se incorporan al cuerpo a través de los alimentos vegetales y que una vez dentro del organismo se transforman en vitamina A, en la medida que lo demande nuestra fisiología.

“Sus beneficios y papel protector para la salud, obedecen a su función antioxidante, consistente en resguardar a las células y tejidos del deterioro y la degeneración derivadas de la oxidación, que se produce por la acción de unas moléculas denominadas radicales libres, que son unas de las principales causas del envejecimiento y las enfermedades del cuerpo”, comenta la nutricionista Belinda Suárez, quien recalca que, pese a que los protectores betacarotenos están presentes en numerosas frutas y hortalizas de color rojizo, amarillo y anaranjado, que son económicas y están disponibles a lo largo de todo el año, a menudo hay que reforzar su aporte mediante suplementos, porque no se toman los suficientes por medio de la alimentación.

Cuantos más radicales libres hay en el cuerpo, más lesiones celulares se producen y en más años se reduce la expectativa de vida. Cuantos más antioxidantes circulen por el organismo, dispondremos de más salud, longevidad y calidad de vida. Estas sustancias colorantes, precursoras de la vitamina A, ayudan al organismo a defenderse de forma natural contra los rayos del sol, por lo cual los especialistas recomiendan su consumo a las personas expuestas habitualmente a los rayos ultravioletas, UVA.

“Al ser ricos en antioxidantes, los betacarotenos neutralizan la acción de los radicales libres producidos por los rayos UVA y, a largo plazo, actúan como un protector frente a los cánceres cutáneos”, explica la dermatóloga Aurora Guerra.

Para combatir las quemaduras, deshidratación, pérdida de elasticidad de la piel, envejecimiento prematuro, alergia o el riesgo de contraer cáncer dermatológico, la doctora Guerra recomienda el consumo regular de betacarotenos, a través de la dieta o de suplementos de farmacia, que, aunque no impide por sí las quemaduras solares, ayuda a la piel a protegerse del tiempo y el sol.

AUYAMA PRODIGIOSA

La calabaza o auyama es el fruto de la calabacera, planta cucurbitácea rastrera o trepadora, con hojas grandes y flores amarillas en forma de embudo. Los frutos carnosos tienen formas distintas, y su color varía del naranja al verde. La hortaliza está disponible en los mercados prácticamente todo el año.

Su color ya delata su riqueza en vitaminas antioxidantes: betacarotenos y vitamina C que fortalece el sistema inmunitario. De hecho, la auyama posee un carotenoide llamado fitoeno, que ayuda en la prevención de algunos tipos de cáncer. Muy rica en agua y fibra, su pulpa favorece la digestión, la actividad intestinal y la eliminación de las toxinas. Actúa como diurético, aliviando así los problemas renales. El jugo de la planta es un excelente tónico vegetal, que aporta cobre, hierro, magnesio y potasio.

También, ayuda a eliminar las grasas, por lo que es un alimento presente en las dietas de adelgazamiento, y solamente tiene 25 calorías por 100 gramos. Además de ser depurativa, la auyama se digiere con extraordinaria facilidad y en muy raras ocasiones causa alergia, por lo que constituye un alimento ideal para los niños. Las pipas de calabaza combaten las lombrices.

En el mercado se pueden encontrar en piezas completas, que pueden llegar a ser enormes (existen ejemplares gigantes de hasta 30 kg.), en trozos o en rodajas. Si la compramos entera, debemos fijarnos en que no tenga manchas o grietas en la piel. Si se compra cortada, su color debe ser uniforme y la carne debe estar prieta, sin moho. Si la piel está rugosa indica que está demasiado madura, y si es muy fina es señal de que aún no está madura.

Para conservarla entera, debemos ponerla en un lugar fresco y seco, bien ventilado, de este modo puede durar hasta 6 meses. Una vez cortada, es aconsejable consumirla cuanto antes, mientras tanto se puede conservar en la nevera envuelta con film transparente. También se puede congelar cruda, aunque al descongelarla pierde volumen, o cocida.

La calabaza combina igual de bien con platos dulces o salados. Es perfecta para asar, triturar, preparar en forma de crema, salsa o rellena. Es pareja ideal para las legumbres y resulta deliciosa rehogada con especias. Combina muy bien con quesos, especias picantes, ajos, pero también puedes emplearla en croquetas, tortillas, arroces y otros muchos guisos.

AMARILLO PROTAGÓNICO: Los alimentos naturales de este color protegen contra algunos tipos de cáncer, ayudan a la vista (especialmente la visión nocturna), mantienen el corazón sano así como el sistema inmune. Los alimentos de color amarillo o anaranjado brillante contienen Vitamina C y el fitoquímico caroteno. Los alimentos en este grupo incluyen las manzanas amarillas, el melón, la toronja, la lima, los mangos, las nectarinas, las naranjas, los duraznos, las peras amarillas, la piña, las zanahorias, los pimientos amarillos, las papás, la auyama amarilla, los tomates amarillos, el membrillo, la lechosa, y las favoritas de los niños: las mandarinas.

 

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