Los perros sin nombre

Estar en la calle es circunstancial, ser de la calle es una condición. Todos los seres nacimos de alguien y ese alguien, nuestra madre, fue nuestro primer hogar, nos proporcionó el primer cobijo cálido. Al nacer sus cachorros, las mamás buscan un espacio que cobije a sus hijos. Nada más conmovedor que la escena de una perrita escondiendo a sus cachorros de las miradas de las personas, o una gata mudándolos para que nadie les haga daño. De cada diez perros, solo uno tendrá hogar para toda la vida, nueve irán a la calle, serán regalados una y otra vez, se reproducirán una y otra vez, se enfermarán y  sufrirán. 

NO COMPRES, ADOPTA

No podemos seguir indiferentes ante la mirada de los animales que viven en las calles. Hay muchas formas ciudadanas de ayudar a que no haya más perros y gatos “callejeros”. Lo primero es dejar de discriminar y, si deseamos un compañero, rescatemos a un animal de la calle. Surgirá después del baño, de los tratamientos veterinarios y del cuidado, un hermoso e irrepetible perro o gato.

CULTURA DE PROTECCIÓN

La vida no se compra y no se cataloga ni se divide en razas, se respeta por su condición misma: todos los seres tenemos derechos, y los animales también: el derecho a la vida, a un hogar, a ser tratados con respeto, a ser cuidados en caso de enfermedad, a la comida y el agua. Aprendamos a proteger a aquellos que no tienen hogar. Mantengamos a los animales esterilizados y vacunados, identificados, bañados y alimentados. Hagamos cultura de protección y no de abandono.

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