Noches de pesadilla

Las pesadillas no son solo cosa de niños: los sueños de algunos adultos también albergan episodios aterradores. «Todos soñamos todas las noches, aunque algunas personas no lo recuerden», afirma Diego García, doctor en Neurología y Psiquiatría, y quien explica que los sueños y, por lo tanto, las pesadillas, se producen durante la fase REM (movimientos oculares rápidos, por sus siglas en inglés), una fase del sueño en la que se da una activación de la corteza cerebral y una paralización del aparato locomotor.

A lo largo de la noche, el sueño REM se alterna con las distintas fases de sueño denominado no REM o de ondas lentas. Durante este tipo de sueño, la actividad cerebral es menor y no existe paralización del aparato locomotor, por lo que es posible moverse. El sueño no REM, según indica el experto, es más frecuente al principio de la noche, mientras que más tarde los periodos de sueño REM se hacen más extensos. Por eso lo más habitual es tener pesadillas en los dos últimos tercios de la noche.

Como sabemos, las pesadillas son más frecuentes durante la infancia. El doctor Garcíaexplica que el 24% de los niños de entre dos y cinco años tiene al menos una pesadilla al mes. Esta cifra aumenta hasta el 41% cuando se trata de niños de entre seis y diez años, mientras que a partir de los diez años, baja hasta el 22%. «La prevalencia de pesadillas es similar en los niños y en las niñas hasta la pubertad. A partir de entre los 13 y los 16 años, las pesadillas disminuyen drásticamente en los chicos pero en las chicas desciendan más lentamente», comenta.

En los adultos con edades comprendidas entre los 20 y los 50 años, la prevalencia de pesadillas oscila entre el 2% y el 5%. «No hablamos de tener alguna pesadilla, pues todo el mundo las ha tenido alguna vez, sino de personas con trastorno de pesadillas, lo que implica al menos una mensual», precisa.

OSCURA ANSIEDAD

«Las pesadillas son sueños cargados de ansiedad. Así, un sueño podría ser ir paseando en bicicleta junto a la orilla de un río. Pero si en el transcurso de ese paseo, del río surge un monstruo que nos persigue y nos intenta atrapar, hablamos de una pesadilla», detalla García, para quien el nivel de actividad mental en la pesadilla es importante y el contenido es claro, lúcido y sofisticado. «De este modo, quien tiene una pesadilla y se despierta, conserva un recuerdo detallado de lo que estaba soñando. Esto no ocurre entre quienes padecen terrores nocturnos, una parasomnia relacionada con el sistema de alertamiento”, apunta.

LOS EFECTOS

En la mayoría de los casos, las pesadillas no deben ser motivo de preocupación. Sin embargo, hay que tomar medidas si ocurren muy a menudo o cuando son tan intensas que perturban el descanso y provocan malestar en el ámbito familiar, social, laboral o en otras áreas importantes. Las pesadillas pueden producir insomnio, pues el hecho de despertarse de noche debido a una angustia dificulta volver a dormirse, alterando el descanso nocturno. Además, como consecuencia de dormir mal por la noche, puede haber somnolencia durante el día, con el consiguiente cansancio y falta de concentración, lo que puede afectar al rendimiento escolar o laboral. No obstante, el neurólogo y siquiatra Diego García apunta que las pesadillas «no suelen causar ningún tipo de daño físico, pero pueden resultar molestas y perturbadoras. Además, pueden dificultar el descanso nocturno». Por ello recomienda consultar a un médico ante pesadillas continuadas que impidan el descanso y afecten al día a día.

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