¡Sí puedo!

Motivarse a uno mismo o imaginándose batiendo su propia marca mejora el rendimiento deportivo, pero este sistema puede aplicarse a muchas otras áreas de nuestra vida.

El principio de “mente sana en cuerpo sano” podría complementarse con el de “mente confiada, cuerpo más sano”, según las últimas investigaciones sobre la preparación psicológica positiva aplicada al deporte, cuyos resultados también podrían extrapolarse a otras áreas de la vida personal.

Pensar “puedo hacerlo mejor” realmente puede mejorar el rendimiento físico de la persona que piensa eso, según un trabajo publicado en la revista ‘Frontiers in Psychology’, destinado a identificar cuáles son las técnicas de motivación más eficaces.

Los investigadores comprobaron que las personas que recurrieron a la autoconversación, repitiéndose mentalmente frases como “puedo hacerlo mejor la próxima vez”, jugaron mejor que aquellos que no aplicaron este método. Las mayores mejoras en el rendimiento se observaron cuando los participantes se repetían mentalmente “puedo batir mi propia marca” o “puedo reaccionar más rápido esta vez”, o bien se imaginaban a sí mismos jugando y batiendo su propia marca, o jugando y reaccionado más rápido que la vez anterior.

El rendimiento de los participantes mejoraba al visionar previamente unos vídeos motivacionales, en los que recibían sugerencias de un campeón olímpico, que recomendaba la preparación mental junto al entrenamiento físico.

EL PODER DE LA CONFIANZA

Otro estudio del departamento de Ciencias Deportivas de la Universidad de Friburgo, Alemania, muestra que la gente se beneficia más del ejercicio físico y aumenta su bienestar cuando creen que esta actividad tendrá un efecto positivo sobre ellos. Las personas pueden ser influenciadas positivamente en lo relativo al ejercicio antes de realizarlo.

Para la psicóloga clínica y terapeuta corporal Margarita García Marqués, estos estudios son una demostración más del gran poder que tienen las creencias de una persona en su propia vida, y sus conclusiones respecto de la influencia de una actitud mental positiva “pueden aplicarse a otras facetas de la existencia. Pensar en un objetivo es el primer paso en el camino hacia la acción y, cuando se tiene una creencia o pensamiento positivo hacia ello, es mucho más fácil conseguirlo. Cuando la creencia es negativa tira de la persona hacia atrás psicológicamente”, explica García Marqués.

“Las creencias se forjan en la primera infancia cuando los padres y la familia animan a los niños diciéndoles ‘puedes hacerlo’ o los desaniman diciéndoles ‘no vales o no sirves’, lo cual queda fijado en su inconsciente y, a lo largo de la vida, implica que el individuo tenga que poner más o menos esfuerzo para conseguir las cosas”, según García, para quien decirnos a nosotros mismos ‘¡si, puedo hacerlo!’, nos ayuda y anima a perseverar, a vencer las dificultades e intentarlo todas las veces que haga falta hasta conseguir el objetivo”, enfatiza.

Cuando una persona que cree que puede hace algo mal o comete un error, lo interpreta como que necesita más práctica para alcanzar la meta, y entonces sigue practicando y trabajando para adquirir la destreza necesaria, señala esta psicóloga, quien añade que “hay cosas que hay que practicarlas muchas veces hasta llegar a un punto en que salgan bien”. En cambio, aquellos que creen que ‘no pueden’, achacan sus errores y fallos a que no valen, no son capaces o no sirven, y dejan de intentar remediarlos y avanzar, abandonando prematuramente el esfuerzo por alcanzar su objetivo, a menudo e irónicamente, en numerosas ocasiones cuando están a punto de conseguirlo.

Según García Marqués, este fenómeno es algo que ocurre no solo en los deportes, sino que además funciona en todos los niveles de la vida, como en los estudios o el trabajo. “Las creencias también influyen en los afectos, porque si alguien se siente digno de ser amado va atraer más a la gente o va a arriesgarse a acercarse a quien le atrae, pero si no se siente digno de recibir amor, hará algo para estropear el acercamiento o la relación o los dejará ante la más mínima dificultad o comprobación de que las cosas no son como esperaba”, apunta.

Uno de los aspectos que trabajamos mediante terapias y juegos psicológicos en un taller denominado ‘niño interior’ consiste en reconocer las creencias que hemos adquirido en la infancia y que tienen mucho poder en nuestra mente, porque son las que nos llevan a sentir que podemos o no conseguir algo, y pueden limitar nuestra vida si son negativas.

 

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