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Somos nuestras emociones

Los sentimientos asociados a los recuerdos perviven en el “archivo neuronal”. Alegría, tristeza, enojo, miedo, sorpresa, aversión. Son las seis grandes emociones básicas que los seres humanos exhibimos y expresamos a través de las mismas y características expresiones y movimientos de nuestra cara y nuestro cuerpo. También hay otros estados emocionales como la avaricia, la vergüenza, el aburrimiento, los celos y el amor, que surgen con menor frecuencia pero pueden tener una gran intensidad y algunos que son menos notorios y más sutiles, como el interés en algo o alguien, la gratitud, el orgullo o la confusión.

No obstante, todas las emociones tienen algo en común, “además de surgir de los estímulos provenientes del ambiente o de nuestro propio interior y constituir una serie de experiencias muy complejas, que expresamos a través de una gran variedad de palabras, gestos y actitudes y mediante reacciones fisiológicas”, indica el psicólogo Manuel Marín Villegas, para quien las emociones y los sentimientos asociados a ellas siguen permaneciendo vivos en nuestro interior, aunque los recuerdos de las personas hechos o situaciones que las desencadenaron en su momento, ya hayan desaparecido.

Puede que las palabras se las lleve el viento, como dice el refrán, pero lo que hemos sentido alguna vez sigue presente en nosotros probablemente para siempre, tal como lo evidencia una investigación de la Universidad de Iowa (EE.UU.) realizada con un grupo de personas afectadas por un raro tipo de amnesia. El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, se efectuó con un grupo de cinco pacientes, que al igual que las personas afectadas por el Alzheimer, tienen dificultades para que sus recuerdos a corto plazo se almacenen en la “memoria a largo plazo” (de larga duración) debido a un daño en el hipotálamo de su cerebro. A lo largo de varios días los cinco voluntarios del experimento dirigido por el equipo del doctor Justin Feinstein fueron espectadores de 20 minutos de filmes humorísticos o bien tristes.

Al ver las películas, estas personas amnésicas reaccionaron riendo o llorando. No obstante, al someterlas a cuestionarios, apenas 10 minutos después de ver las secuencias, los investigadores probaron que éstas personas no eran capaces de recordar un sólo dato de la película, al contrario de lo que sucede con una persona sana, capaz de memorizar y evocar unos 30 detalles.

EMOCIONES

Una de las emociones más nocivas es el miedo: al futuro, a la inseguridad económica, a la soledad. La otra gran aventura emocional es el amor, distorsionada por la dependencia y el miedo al rechazo y al abandono, que surgen cuando la pareja afronta situaciones complejas que atentan contra su estabilidad, según explica la psicóloga clínica Marichu Hidalgo.

LA EMOCIÓN QUEDA

Curiosamente, aunque los individuos amnésicos participantes en el experimento no tenían recuerdos de lo que había vivido 10 minutos antes, en cambio retenían una “huella” del tipo de emoción que habían despertado en ellos las secuencias fílmicas.

Según investigadores, sus conclusiones pueden ser prometedoras para los cuidadores y familiares de gente con Alzheimer, ya que “una simple visita o llamada telefónica de sus seres queridos puede tener un efecto muy beneficioso en la felicidad del paciente, aunque que después olvide qué fue lo que despertó esa sensación positiva”, asegura el neurólogo José Díaz Martin.

El especialista comenta que, aunque han de tener presente que los malos recuerdos o experiencias desagradables también dejan su “huella emocional”, despertando en los pacientes sensaciones de pesadumbre, malestar y frustración, sentimientos negativos que de acuerdo a lo que observaron los investigadores en su ensayo, tardan más tiempo en desaparecer que los positivos.

EL EXPERTO RECOMIENDA

Psicóloga clínica Marichu Hidalgo

¿Dónde surgen las emociones?

“Las reacciones anímicas son disparadas por pensamientos, procesos o guiones mentales, que a veces nos pasan desapercibidos porque son muy rápidos. Son `constructos´, es decir construcciones de nuestra mente, que se montan en función de patrones de interpretación de lo que percibimos en el entorno, que son muy íntimos dentro de nosotros y a su vez son producto de una trenza formada por experiencia, educación y genética. La mayoría de los conflictos que hacen que una persona se movilice y busque soluciones, tienen que ver con el mundo emocional y el tono anímico en sus relaciones. Son situaciones que dejan en la persona una huella perdurable, que probablemente también llegue a ser indeleble”.

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