Verbo para el bienestar

Haga la prueba. Observe con atención el impacto que causa en un compañero de trabajo, amigo o ser querido decirle “has hecho un buen trabajo”, y compárelo con el que le produce a esa misma persona manifestarle en otra ocasión “no está mal este trabajo”. En el primer caso, seguramente se iluminará el rostro de su interlocutor con una sonrisa, mientras que en el segundo el destinatario de sus palabras, probablemente, se mostrará contrariado, aunque el contenido de su expresión haya sido el mismo.

“La diferencia estriba en el impacto tan diferente que “bien”, “mal” y “no” tienen en nuestra mente, en nuestro cerebro”, explica la pedagoga y máster en Neurociencia Cognitiva, Diana Yoldi, quien añade que las palabras tienen un gran poder en nuestro cerebro y determinan, además del rumbo de nuestro pensamiento y actitud ante la vida, también nuestra salud y longevidad. “La ciencia nos dice que podemos entrenar nuestro lenguaje y cambiar nuestra mente, un camino que se inicia con la toma de conciencia del lenguaje que utilizamos con nosotros y los demás, y prosigue con ejercicios y entrenamientos para construir el hábito de utilizar el lenguaje positivo en nuestra vida cotidiana”, según Diana Yoldi.

La neurociencia cognitiva comprueba que las palabras tienen el poder de generar y modificar estados emocionales y hoy podemos observar en nuestro cerebro su impacto mediante electroencefalogramas o EEG, explica. “Las palabras positivas generan apertura, emociones positivas y sociales, facilitan la comunicación y las relaciones personales, mientras que las palabras negativas provocan emociones adversas y provocan rechazo”, señala la pedagoga y máster en neurociencia.

“Hay estudios científicos que muestran que quien escucha el vocablo “maravilloso” atiende mejor y con más intensidad y recuerda mejor la información que va a continuación, por lo que es recomendable utilizar esa palabra si uno quiere que sus oyentes recuerden un contenido más fácilmente”, señalan. En el extremo de la negatividad colocan la palabra “no”, la cual produce una alteración de la atención y modifica la capacidad de tomar decisiones. Estudios revelan que un “NO” nos paraliza y pone en marcha en nuestro cerebro la amígdala, por lo que aumenta la liberación de hormonas del estrés.

FRASES MATADORAS

Hay que evitar decir las muy repetidas “frases killer”, como ‘me esperaba otra cosa’; ‘lo que de verdad te conviene es’; ‘ya sabes cómo son las cosas’; ‘siempre estás con lo mismo’ o la clásica: ‘o se hace bien o no se hace’, cuyo efecto es cerrar posibilidades, desanimarnos, descentrarnos y paralizarnos. También, hay que atreverse a decir la palabra “alegría”, así ayudamos a contagiar bienestar y energías. El ‘SI’ abre puertas con la gente con quienes nos relacionamos y nos puede llevar a nuevos territorios y proyectos. 

 

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