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“Imaginario juguete diabólico”: suspenso sensiblero

Clichés y lugares comunes van y vienen, en medio de un rollo aleccionador

“Imaginario juguete diabólico” llega a los cines con una combinación infalible de elementos que podrían hacer creer a cualquiera que despuntará. Un oso de peluche poseído, el drama de una familia que exuda traumas, las dificultades de una madre sustituta por encajar, algunos secretos y una casa asaltada por un ente, son suficientes para darlo por hecho. Pero no, la película da tumbos por culpa de su ritmo.

Y así, en lugar de alimentar el terror, se aleja de ese foco para propinar sustos fáciles. Su historia vive con el pie en el freno y esto atenta con el conflicto principal.

En este sentido, “Imaginario juguete diabólico” presenta a una mujer que regresará a su hogar de la infancia para descubrir situaciones que borró de su memoria. No se le explica al espectador cómo se esfumaron, solo se da por hecho que así fue. A cambio la protagonista tiene pesadillas constantemente, vinculados al tema, que se marchan cuando llega a la casa.

En un santiamén la vida de la mujer se torna patas arriba. Y en lugar de buscar otro tipo de ayuda decide enfrentar el asunto para salvar a su hijastra que es la nueva víctima del ente maldito. Y es que al esperar por años su regreso, en lugar de reclamar su alma se enfocará en una nueva.

De un momento a otro, este mundo sobrenatural que se esconden tras las paredes de la casa sale a la luz. Pero en lugar de aterrador luce onírico y el miedo vuelve a espantarse. Pareciera una copia fiel del lugar al que se enfrenta Sarah en “Laberinto” (1986) y que a su vez está inspirado en un las obras de M. C. Escher. También conecta con “Pesadilla en la calle del infierno” pero algo en su confección, barato y simplón, se carga toda posibilidad de terror.

El asunto empora cuando ese amigo imaginario cobra vida. Es a ratos un oso rabioso, una araña o un espanto con ojos hipnóticos, todos ellos conectados a un osito de peluche para nada diabólico. Sucio sí, pero diabólico jamás.

Para generar tensión en el espectador, “Imaginario juguete diabólico” echa mano a la temática de los amigos imaginarios que se crean los niños, pero camina sin fuerza. Clichés y lugares comunes van y vienen, en medio de un rollo aleccionador, dramático y sensible sobre las amistades y la familia.

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