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A Oscar D’León le sobran motivos para celebrar

Es el cantante venezolano vivo más aplaudido en el planeta

Resort en Cancún: suena “Detalles”. Discotienda en Buenos Aires: aparece “Mi bajo y yo”. Madison Square Garden en Nueva York: emerge “Comuniquémonos”. Sala nocturna en Ámsterdam: fluye “Que bueno baila usted”. Festival en Tokio: se oye “La mazucamba”… y de esa forma, sin importar el continente ni el idioma, una ciudad tras otra, todas unidas por un gentilicio y un nombre: el venezolano Oscar D’León.

El prestigio y la fama internacional del sonero caraqueño lo ubicaron en el Olimpo de la música tropical junto al percusionista estadounidense de origen puertorriqueño Tito Puente (1923-2000) y a la cantante cubana Celia Cruz (1925-2003), siendo el más joven y el único sobreviviente del triunvirato que reinó dentro del género, en las décadas finales del siglo pasado. La Fania All Stars resulta caso aparte por sus logros como agrupación, integrada por enormes individualidades.

Oscar D’León es, posiblemente, el cantante venezolano que ha pisado mayor número de escenarios en el exterior, gracias a la proyección de sus grabaciones y al inagotable talento que tiene para improvisar, características que, unidas al registro de su voz y al innato oído musical, han avalado su estatus de estrella.

Si voltea hacia atrás, le sobran motivos para sentirse orgulloso y celebrar. Igual que si fija la mirada hacia adelante, porque el 11 de julio llegará a 80 años de vida, con la energía que le permite seguir compartiendo su arte con el público.

Otra dimensión

Aunque sus primeros trabajos fueron como mecánico y taxista, la música siempre formó parte de la vida de Oscar Emilio. La admiración que sentía por “El bárbaro del ritmo”, Benny Moré, lo llevó a estrechar lazos con los géneros cubanos, de manera que, cuando vio la primera oportunidad, convenció a César Monges para montar una orquesta que cumpliera compromisos en un club nocturno.

El impacto de La Dimensión Latina fue inmediato. En un cortísimo período (1972-1974), se ganó el respeto de los músicos del continente y la atención de los bailadores. De esa etapa quedaron clásicos como “Llorarás”, “Taboga”, “Parampampán”, “Divina niña” y “Juancito Trucupey”.

Como cantante y bajista, ya rebautizado artísticamente con el nombre de Oscar D’León, su imagen era contundente. Medio afro, patillas hasta la mandíbula, nutrido bigote en forma de herradura y gordas cadenas de oro que lo acompañaron en su primer trayecto como solista.

Un episodio judicial, que lo llevó temporalmente a la cárcel, motivó el cambio hacia la apariencia más sobria y a rechazar el mote de “El diablo de la salsa” que le habían adjudicado en Panamá. La alianza con Oswaldo Ponte, convertido en su mánager, fue indispensable para su internacionalización. Nació “El sonero del mundo”.

Natural

Oscar Emilio León Simoza nació el 11 de julio de 1943, en Caracas. Nunca realizó estudios formales de interpretación del bajo, composición o vocalización.

El talento natural lo convirtió en autodidacta. En su rutilante palmarés figura ser el primer cantautor venezolano en habar ganado un Grammy anglosajón, en la gala de 2001, además de haber logrado un doctorado honoris causa.

Ha sufrido varios episodios de salud relacionados con el corazón y, en 2013, perdió la visión de su ojo izquierdo por un accidente doméstico.

Tiene seis hijos: Jimmy, Irosca, Yorman, Omslig, Richard y Adiaroz. Los cuatro primeros han incursionado en el mundo de la música.

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