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Una década extrañando a Renato Capriles

El director de Los Melódicos era buen conversador y tremendo relacionista

Nada fue igual a partir del 18 de enero de 1997. Ese día, a las 9:30 pm, aproximadamente, el impacto de un objeto contra el parabrisas lo hizo perder el control del vehículo, en tierra aragüeña, mientras se desplazaba para cumplir un compromiso profesional.

Los delincuentes que causaron el accidente saquearon todo lo que tenía valor y dejaron los cuerpos abandonados en la vía. En el acto falleció la cantante trujillana Floriana, quien apenas contaba con 23 años de edad. Él, Renato Capriles, fue trasladado al Hospital de Maracay, en estado crítico.

El pronóstico del director de Los Melódicos era reservado. La fragilidad de su salud impedía movilizarlo hacia Caracas, sin poner en riesgo su vida. Pasó más de dos semanas en la unidad de terapia intensiva, manteniendo en vilo a las cinco hijas que tuvo durante sus dos matrimonios: Gody, Negui, Irina, Iona e Iliana, quien, a la larga y hasta la actualidad, asumió las riendas de la popular orquesta.

Tras la estabilización, continuó su recuperación en la capital venezolana, adonde llegó en silla de ruedas. Poco a poco, la fisioterapia le permitió ponerse de pie y caminar con ayuda de una andadera; más tarde apareció el bastón. Sin embargo, el daño sería permanente.

El amistoso

A la movilidad limitada se sumaron las secuelas reflejadas en su personalidad y en su comportamiento. Renato Capriles era un gran conversador. Le gustaba estar informado sobre lo que sucedía en el país y en el exterior, para formar una opinión propia que le permitía participar en entusiastas debates.

También era un gran relacionista. Con frecuencia, organizaba encuentros en restaurantes o en su apartamento de Colinas de Bello Monte, para ponerse al día con sus afectos. Al levantarse, revisaba su agenda para felicitar a los cumpleañeros, con alguna carta personalizada o algún regalo. O invitaba a un toque de la orquesta, para presentar a los nuevos talentos o, simplemente, para compartir en compañía de unos tragos.

Aprovechaba otra de sus pasiones para decir presente. En cada viaje, compraba un lote de postales que escribía a mano y enviaba a sus amigos. El detalle podía llegar desde el Gran Cañón del Colorado, desde Madrid, desde Nueva York o desde alguna isla griega, su destino favorito.

Todo ello cambió con el fatídico accidente. Sobrevivió con deficiencias auditivas y cognitivas que lo acompañaron hasta su fallecimiento, ocurrido la mañana del 8 de julio de 2014, en la Policlínica Metropolitana. Finalmente, una neumonía se lo llevó a los 82 años de edad. En la capilla del Cementerio del Este fue despedido por familiares y afectos.

Favorcito

Renato Capriles fue un autodidacta. No recibió formación académica, pero tenía un gran oído musical. Siempre admiró a Luis María Frómeta, el maestro Billo. De hecho, el nacimiento de Los Melódicos se produjo durante el veto que el sindicato aplicó al dominicano, después de ser condenado por bigamia.

Como una forma de ayudarlo, Renato le pidió, casi en secreto, que arreglara unos temas para la nueva agrupación que debutó el 13 de julio de 1958. Sin embargo, para hacer coincidir el aniversario con la quincena, le sumó dos días a la efeméride. A partir de ese momento, convirtió a “la orquesta que impone el ritmo en Venezuela” en su niña mimada.

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