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El arpa sigue sonando en la inmensidad de la llanura

Con música. No podía ser de otra manera. Así se dio el último adiós a uno de los más grandes venezolanos del siglo XX, Juan Vicente Torrealba, quien falleció en la calma de su hogar, a los 102 años el 2 de mayo pasado. Para el momento de la partida se encontraban “su médico, sus hijos, nietos, sobrinos. Estábamos la familia reunida. Mi abuelo se fue apagando poco a poco”, relató su nieta Annaé, quien ha hecho carrera como intérprete, además de jurado en realities de Venevisión.

“Muchacha de ojazos negros/ no puedo vivir sin ti/ escucha, vida mía/ llevo una pena en el alma/ que crece lentamente/ desde el día en que te vi”. Más de 70 años dedicó Torrealba a la música. Nació en Caracas, el 20 de febrero de 1917, pero muy pequeño se fue con su familia a Camaguán. De allí su afición por la música y por el llano. Como pudo, terminó la primaria, pero eso no lo amilanó, por cuanto sus inclinaciones por la música las canalizó aprendiendo a tocar guitarra, primero, y arpa, después.

“Recuerda mujer querida, mujer querida / que me juraste tu amor y que te faltó valor / faltó valor para ser mi consentida / Hoy recuerdo aquellos besos / aquellos besos, que nos dimos junto al mar / y nunca podré olvidar / aquella noche de gran derroche / entre las olas y el cocotal / bajo las luces de las estrellas / eras tan bella y tan sensual/ Y aquella boca que fue tan loca / y a la que nunca podré olvidar / podré olvidar…”. Fue junto a los peones de la hacienda, donde decidió volver a la capital. “Un día mientras tocaba la guitarra en el campo, les dijo a sus acompañantes que debía perfeccionar ese gusto por la música porque no sabía si, algún día, le tocaría vivir de ella”, recordó durante el velorio Santana, su hijo.

“Cantando por el camino real pasó/ alegre y pura en el cantar la voz / divina su hermosura morenez / tras ella me fui , le pedí su amor/ y me quiso al fin”. A su regreso a la capital, Torrealba comenzó a tomarse en serio el trabajo musical. Debutó en Radio Nacional de Venezuela, donde recibió el espaldarazo para que “migrara” de la guitarra al arpa, un instrumento al que, en ese momento, pocos se dedicaban. Le gustó la idea y, al igual que con la guitarra, aprendió a tocarla de manera autodidacta. Allí se comenzó a escribir su historia. Junto a su hijo y hermanos formó. Los Torrealberos, agrupación que por casi cuatro décadas lo acompañó.

“Cantando con tu recuerdo/ florece mi corazón / la brisa mañanera / como yo te besa / te besan las espigas/ como yo mi amor”. Esa es la letra de Cantando junto al Jagüey, tema que mientras Torrealba interpretaba en una gala en Buenos Aires, el entonces presidente Carlos Menem, le comentó a la esposa del músico: “qué bien toca la música argentina”. A lo que Mirtha le respondió: “No, presidente. Ese tema no es argentino, sino venezolano y compuesto por él”, recordó también Santana.

“Noche de amor / en el estero de Camaguán / con el claror / de una luna tropical / del canto de la llanura / de la brisa del palmar”. Los paisajes llaneros siempre fueron protagonistas de sus historia. Es así como uno de sus más importantes pasajes, Concierto en la llanura, es de ejecución obligada en universidades de México y Paraguay donde se imparte el arpa como carrera.

“Toda mi entera vida recordaré / aquella linda noche de Porlamar/ cuando de un amorcito me enamoré/ en las tibias arenas que baña el mar/ Noche maravillosa , rica sensual / para el amor / fue aquella linda noche/ de Porlamar”. Más de 300 canciones recopiladas en más de una centena de discos conforman parte de la obra de Torrealba, quien, no obstante, en dos oportunidades dejó el mercado venezolano por considerar que su música no era respetada. En la primera oportunidad viajó a Europa y tuvo chance de compartir con orquestas sinfónicas, grabar con cantantes italianos y japoneses y experimenta con otros géneros. La segunda, la definitiva. En 1986, cuando decidió retirarse a pintar y a escribir.

“Era la potra zaina/ la flor de la llanura / caballos y potrones / sufrían por su hermosura/ paseando en las sabanas / en las noches de luna / coqueta se miraba / su sombra en la laguna”. Este fue el tema que le dedicó a quien fuera su esposa por más de 50 años, Mirtha Teresa Pantoja, quien murió pocos meses después del centenario.

MÁS DATOS

Más de 20 condecoraciones recibió el maestro Torrealba. Entre ellas, la Orden del Libertador y las Libertadoras, en su primera clase, en ocasión de celebrar un siglo de vida.

Ese mismo día, el Presidente Nicolás Maduro le entregó una réplica de la espada del Libertador, Simón Bolívar.

Entre otros reconocimientos, Juan Vicente fue nombrado hijo ilustre de Camaguán, donde hay una estatua y el tema “Esteros de Camaguán” fue declarado patrimonio cultural del estado Guárico.

Fue nombrado como una de las 100 personalidades más importantes no solo de la música, sino de Latinoamérica durante el siglo XX. Su libro se llamó “Remembranzas”.

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