InicioChévereEl mago de Os | Cortar y pegar

El mago de Os | Cortar y pegar

La presencia necesaria e incuestionable de medios digitales y alternativos ha influido en la manera de hacer periodismo o, mejor dicho, en la forma en que se trabaja la información, que no es lo mismo ni se escribe igual. Porque los principios de ejercicio profesional deben permanecer intactos, independientemente de las características de cada plataforma, aunque la manera de ofrecer las noticias esté determinada por un elemento ambivalente como la velocidad.

¿Ambivalente? Definitivamente, sí. El lado bueno: los acontecimientos se hacen del conocimiento público al instante y eso permite reacciones inmediatas desde cualquier parte del mundo. El lado malo: la necesidad de “ser el primero” atenta contra la verificación, edición, creatividad y derechos de autor. Por ejemplo, en la competencia de este espacio, que es la fuente de farándula, espectáculo o entretenimiento –como guste llamarla a prejuiciados o desprejuiciados-, la búsqueda de la información depende más de chequear lo que publican otros para “cortar y pegar” que del reporterismo propio, con el agravante de que se copian los textos sin respetar las fuentes ni atribuir los créditos originales, en lo que constituye un acto mezquino y, sobre todo, una práctica antiética, punto que debería ser abordado por las cátedras correspondientes de las escuelas de Comunicación Social.

Por ello es habitual que un lector ávido de conocer detalles sobre un tema específico se tope con el mismo texto en diferentes portales, ya que es más rápido reproducir lo que está hecho antes que redactar una nota propia con aportes personales de forma y contenido. Ni hablar de la apropiación indebida de ideas o datos en las redes sociales, cuando es tan fácil hacer retuit o repost.

Además, esa competencia contra el reloj influye en que muchas veces se comparta supuesta información sin verificarla (como es habitual que ocurra con el fallecimiento de figuras del medio artístico) y explica –nunca justifica- errores de ortografía, redacción y documentación que serían detectados si se cumpliera con la tradicional fase de edición antes de pisar “publicar”. Más aún cuando hoy en día una “captura” es capaz de inmortalizar cualquier barbaridad que se pretenda corregir u ocultar.

No cabe duda de que lo único constante es el cambio y resulta una necedad resistirse al progreso que en el siglo XXI está determinado por la apabullante tecnología, pero también es cierto que los valores personales y profesionales son los que permiten sociedades rozagantes y desarrolladas. Y ellos no deberían cambiar ni en tiempos de 5G.

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