El mago de Os | Deseo de 2021

El talento de Venezuela se demuestra en pantallas a escala global

Arrancar del calendario la última hoja del año no significa que todo cambia automáticamente. Sin embargo, el inicio de un nuevo ciclo suele estar acompañado por un factor primordial para mantenerse firme frente a las adversidades y trabajar por revertirlas: la esperanza.

En el caso de 2021, la situación se repite: después de un período tremendo para la humanidad por lo que ha representado el coronavirus, con despedidas solitarias y medidas extremas, que han permitido revalorizar un derecho tan intangible como la libertad, vale la pena alimentar el deseo de que las transformaciones serán en positivo. Por ejemplo, en la industria televisiva.

El confinamiento severo vivido a partir del último marzo convirtió a “el mago de la cara de vidrio”, como bautizó el escritor Eduardo Liendo al medio audiovisual, en un acompañante incondicional durante el claustro que aún no termina, aunque haya flexibilizaciones. Siendo una fuente de entretenimiento que llega al hogar sin necesidad de desplazamientos físicos, la televisión conserva su poder de alcanzar a mucha gente, de distintos grupos etarios, en forma simultánea y a lo largo de cada día.

De allí que los hacedores nacionales enfrenten el reto de superar las dificultades que puedan existir y, dentro del marco jurídico vigente, fortalecer y aumentar la oferta de sus canales para competir con esos monstruos en pleno desarrollo que son el servicio por suscripción (parabólicas o cables) y las plataformas digitales. O sea, luchar o morir en el intento.

Porque la percepción que hay, a partir de los contenidos actuales, es que persiste una posición conformista o entreguista que niega espacio a la innovación, a la variedad y a la intención de dar la batalla, para preservar espacios conformándose con las migajas.

Las grandes cadenas internacionales demuestran que es posible mantenerse en pie sin perder la dignidad. Se vio en los especiales navideños, grabados con las debidas medidas de bioseguridad. Se nota en los programas musicales y de concurso. Incluso en espacios culturales que experimentan fórmulas para hacer más atractivos sus contenidos, calificados históricamente como “ladrillos”. Y también en dos formatos que disputan el protagonismo en la oferta del presente milenio: los reality/talent y las miniseries.

¿Venezuela carece de talento para competir con lo que se hace afuera? La respuesta es un rotundo no. Y el argumento, más allá de endebles chovinismos, se encuentra en la misma pantalla, que muestra la labor realizada por coterráneos en otros países, y en la misma historia del medio.

Entonces, ¿qué es lo que falta? Dejar la lloradera y echarle voluntad.

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