El Mago de Os | El gran olvidado

Con méritos más que suficientes, Osmel Sousa es el tótem de la belleza, gracias a una gestión gerencial que convirtió en potencia a Venezuela. Sin embargo, la paternidad del concurso más longevo del país corresponde a un ser desconocido por la mayoría que, a mediados del siglo pasado, tuvo gran influencia en la vida cultural y política del país: Reinaldo Espinoza Hernández.

Nacido en Mantecal, el 23 de enero de 1924, desde pequeño estuvo vinculado al mundo de las letras. A su llegada a Caracas, dirigió un diario escolar y, más tarde, se incorporó como columnista al equipo de Últimas Noticias. Fue secretario de Ramón Díaz Sánchez (Mene, Cumboto y Borburata) y publicista de la revista Santo y Seña, dirigida por Mariano Picón Salas (De la Conquista a la Independencia). Expandió su hacer a la radio como colaborador del programa Hoy, de Radio Caracas Radio y creó Fantasías dominicales, espacio pionero en la difusión de la música clásica que se mantuvo al aire durante 66 años. Además, escribió cuatro poemarios alimentados por sus tempranas experiencias en el llano.

En 1943 se inscribió en Acción Democrática. Tres años después fue secretario general de la Junta de Gobierno y continuó vinculado al partido blanco hasta ocupar un escaño como senador en 1986. Recibió las órdenes Andrés Bello, Francisco de Miranda, Rómulo Gallegos y Francisco Esteban Gómez.

Tal es el perfil, a pinceladas, de quien recibió la propuesta de los ejecutivos de la aerolínea Pan Am para que organizara un concurso de belleza. La ganadora tendría la misión de viajar a Long Beach, California, a exponer sus atributos en una elección global patrocinada por la marca de trajes de baño Catalina. Aceptó la encomienda y así nació una historia que data del 7 de junio de 1952, cuando fue coronada Sofía Silva, representante del estado Bolívar.

Bajo las riendas de Reinaldo Espinoza Hernández, el Miss Venezuela vivió la primera de cuatro etapas que duró 10 años y contó ocho reinas, debido a que el certamen no se realizó en 1954 ni en 1959. Su carácter bohemio y su agenda política le hicieron perder el interés en el certámen y vender los derechos a Oppa Publicidad. Pero esa es otra historia.

Hoy estas líneas están dedicadas al poeta apureño que cimentó una industria que ha maquillado de orgullo el gentilicio venezolano. Vale la pena recordarlo. Mañana se cumplirán 10 años de su fallecimiento, en el Hospital Luis Ortega de Porlamar, Nueva Esparta.

 

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