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El Mago de OS| Nazarenos de a pie

La cancelación de los conciertos que ofrecería Nacho como parte de su gira De vuelta a casa en Valencia y Caracas, por “evasión de impuestos” o “motivos logísticos sobrevenidos”, de por sí es un tema que merece atención. Sin embargo, el presente espacio estará dedicado al elemento más vulnerable en las situaciones de este tipo: el público, encargado de pagar no solo los platos, sino las copas, las tazas y hasta los floreros que no rompió.

Como si no fuera suficiente lidiar con la frustración de comprobar cómo se esfuma la ilusión de ver en vivo a un cantante de preferencia, quienes adquirieron los boletos por adelantado deben enfrentarse a otro viacrucis, aunque no sea Semana Santa: la recuperación de sus reales.

Los latigazos comienzan con el peloteo: regístrate en tal lista, mantente pendiente a las indicaciones, será equis día, debes ir a zeta lugar, cálate la cola interminable, pierde tiempo, mucho tiempo a ver si te rindes y, en el caso que ocupa, pagaste tus entradas en dólares, pero te devolveremos bolívares. ¿What? Mí no entender nothing. Tampoco hay mucha explicación que valga.

¿Por qué no hubo inconvenientes a la hora de recibir las divisas y ahora sí los hay para devolverlas? ¿Consultaron a los afectados si están de acuerdo con esta decisión o fue una arbitrariedad más? ¿Por qué si esas transacciones se hicieron efectivas ahora no hay fondos en la misma moneda para revertir? ¿Por qué alguien que no tiene responsabilidad en la suspensión tiene que cargar con las peores consecuencias?

¿Por qué a sabiendas del proceso inflacionario se mancilla al ciudadano de esta manera, cuando ha habido un reconocimiento del Alto Gobierno de la dolarización de la economía? ¿Hubo realmente intención de ofrecer los conciertos o fue una patraña para cazar incautos? ¿Dónde están las autoridades que deben proteger al consumidor frente a atropellos de este tipo? Las preguntas podrían seguir multiplicándose.

Vale aclarar que, en este tipo de situaciones, la responsabilidad no es del artista. Él firma un contrato, pasa su lista de requerimientos (personales y técnicos), recibe 50% por adelantado y el otro 50% antes de cada show para evitar estafas y cumple con llegar al lugar. Ni la organización ni la logística son su compromiso, aunque debe estar mosca con la empresa que lo contrata.

Y no se trata de eximir a alguien con nombre y apellido, sino de dirigir el dedo hacia quien debe dar la cara, aunque los motivos “hayan escapado” de sus manos. Porque al final, como en la historia bíblica, los clavos terminan en las palmas de los más inocentes.

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