Kanye West: Más telerrealidad a la Casa Blanca

Luego de sus truculentas historias de amor y desamor, desórdenes alimenticios, infidelidades, vientres de alquiler y hasta la salida del closet de un padre transexual, solo le faltaba a la telenovela de las Kardashian una candidatura presidencial. Y es que aún no está claro si la candidatura de Kanye West a la presidencia de los Estados Unidos es en serio o se trata de un nuevo episodio de su reality show familiar que ya suma 13 años de emisión ininterrumpida. El rapero, uno de los miembros más pintorescos del clan, productor musical, cantautor, ejecutivo de modas, predicador cristiano y paciente de trastorno bipolar, anunció de forma oficial el cuatro julio lo que llevaba años asomando: su inscripción a la carrera por la Casa Blanca. Republicano y trumpista, West se desmarcó de la actual administración con un discurso que pretende llevar la irreverencia a un nuevo nivel. Su sola personalidad es un cóctel de contradicciones y sus aspiraciones para muchos son risibles ¿Pero no fue así como también comenzó Donald Trump?

Kanye West (Atlanta, 1977) ha sido un outsider en los dos grandes proyectos de su vida: la música y la política. Nació en el seno de una familia relativamente acomodada con un padre fotógrafo y una madre académica. De pequeño vivió en China debido a una estancia laboral de su progenitora, y cuando decidió lanzarse al ruedo musical causó escepticismo debido a sus orígenes. Si bien su color del piel lo respaldaba, no portaba el certificado de origen que exige el gremio del rap: no era pobre, ergo, no tenía nada que contar. Su prontuario estaba compuesto por un cúmulo de historias pequeño burguesas que nunca le otorgarían interlocución con colegas y con público acostumbrados al relato de la supervivencia que históricamente ha identificado a la cultura del hip-hop.

Así que no comenzó cantando sino tras bambalinas. A los 19 años inició como productor en una carrera que no hizo sino ascender. Tal fue su éxito que no tardó en amasar fortuna, y en menos de una década se transfiguró en el mago tras discos de fama mundial de gente como Alicia Keys, Janet Jackson, Eminem, Ludacris y Jay-Z.

Y en efecto, la oportunidad de cantar su propia música llegó cuando tuvo currículo. En el 2000 se quedó dormido mientras manejaba y sufrió un accidente que le destruyó la mandíbula, la cual lograron reconstruir cosiéndosela con alambres. El trauma lo llevó en un arrebato incontenible al estudio de grabación, donde prácticamente escupió su primer disco a solo días de haber sido dado de alta. Ya tenía su buena historia. Lo demás llegó automático: más de cien millones de discos vendidos y 21 premios Grammy.

En 2012 comenzó una relación con Kim Kardashian, con quien se casó dos años después. Junto a ella y a toda su familia integra el elenco de Keeping up with the Kardashians, uno de los reality shows más exitosos de la historia de la televisión, con 18 temporadas a la fecha y un emporio nacido a partir de la exposición sin mesura de su propia vida. Eso a grandes rasgos.

Hoy, recientemente imbuido en una fiebre por la religión cristiana (no ha especificado en cual de sus corrientes) y hablando abiertamente del trastorno bipolar que le fue diagnosticado hace dos años, se mete en política apostando en un primer intento al premio mayor. Es candidato independiente dando rostro a un partido inédito cuyo nombre es tan disparatado como su propuesta: el “Birthday party”, traducido literalmente como “Fiesta de Cumpleaños” y al mismo tiempo como “Partido Cumpleaños”.

Matemáticamente sus posibilidades son nulas, algunos califican la movida como un golpe publicitario para impulsar su nuevo disco y otros como una estrategia republicana, usando a West como agente encubierto para restarle votos al demócrata Joe Biden. Si Donald Trump no fuera presidente de los Estados Unidos, el mundo se asombraría por las pretensiones de un magnate-estrella de reality show, de ideas conservadoras y aparente megalomanía,  que aspira, como siguiente paso en su escalada de éxitos personales, lograr el liderazgo “del mundo libre”, como se autodenominan los presidentes de EEUU. Pero Donald Trump es, en efecto, presidente de Estados Unidos, así que los deseos de Kanye West no muestran nada nuevo en la política del imperio más poderoso en la historia de la humanidad.

Acelerado y conectado

En las primeras de cambio, la candidatura de West tuvo como apoyo principal al magnate Elon Musk, dueño de Tesla, de Space X, y conocido socialité. Pero el hecho es que los tuits con los cuales hacía público su respaldo fueron borrados unos días después y ahora dice que está tratando de convencer al rapero de aplazar su aspiración hasta 2024. En cuanto al ámbito familiar, Kim Kardashian se ha mantenido al margen del cotilleo político aunque retuiteó a West cuando anunciaba su candidatura, acompañando el mensaje con el emoticón de la bandera de EEUU.

Nos obstante, los medios de comunicación le han dado más relevancia a la historia que Kim publicó en Instagram la semana pasada en la que difundió una especie de comunicado sobre la salud mental de West, pidió comprensión y enfatizó que aunque aún se encuentra padeciendo del trastorno, el mismo “no invalida sus sueños”. El texto parecía insinuar que las aspiraciones políticas del padre de sus cuatro hijos forman parte de un largo episodio esquizofrénico.

West habla sin pena de su trastorno. En una entrevista con David Letterman que se puede ver en Netflix se explaya en detalles. Allí reflexiona sobre lo que ha invertido debido a su condición, cuenta que sus médicos lo visitan semanalmente en casa, que debió escoger entre tratamientos que le anulaban su creatividad o que lo ponían gordo, o de plano no tomar nada para no dejar de ser quien es. “Siento una mayor conexión con el universo cuando estoy ‘acelerado’”, dice refiriéndose a sus ataques y a su decisión de no medicarse.

Apuntó que cuando está en plena crisis se convierte en una persona hiper paranoica, delira con que quieren implantar chips en su cerebro, que todo es una conspiración, y le dice al entrevistador algo tan inteligible como: “te esposan, te drogan, te ponen en la cama y te separan de todos lo que conoces. No le hacen eso a las mujeres embarazadas”.

En ese diálogo suelta perlas que lo revelan como alguien con ideas contradictorias más allá de cualquier enfermedad, en una mezcla de ideologías que llega a tal punto de que no se sabe si entender el discurso como el de alguien que ha leído mucho o que de plano no ha leído nada.

Por ejemplo, refiriéndose a su línea de ropa dice: “Uso el arte como superpoder para protegerme en un mundo capitalista, y luego lo doy como regalo a otras personas, y también puedo usarlo para ganar dinero”.

También asegura que el vivir bajo el “estigma de la locura” a veces le beneficia, sobre todo cuando públicamente mete la pata, dado que nadie se toma en serio lo que dice.

“Si quieren esas ideas locas, esos espectáculos locos, está música loca y esta forma loca de pensar, es muy posible que venga de una persona loca”, ironizó al referirse a los medios de comunicación y al show bussiness en la forma como ve y retrata a las enfermedades mentales, que según West, las padecen la mayoría de la población.

Discurso bipolar

Sobre su propuesta electoral en sí, los puntos fundamentales pueden extraerse del discurso que ofreció para lanzar su campaña, así como de una extensa entrevista que ofreció a Forbes. El mensaje es variopinto. Impunemente mezcla ideas de extrema derecha con otras de extrema izquierda, más algunas otras que no hay forma de ubicarlas sensatamente en alguna corriente del pensamiento moderno.

Revela que nunca ha votado. Afirma que dejó de apoyar a Trump cuando “se volvió un desastre” pero aún así asegura que ha sido uno de los mejores presidentes que ha tenido su país. Asevera que los verdaderos supremacistas blancos son los demócratas, quienes a su juicio pretenden chantajear emocionalmente a los negros. “Nos tratan a tal punto que un hombre blanco pretende decirnos: si no votas por mí no eres negro”.

Pone de relieve el tema religioso. Dice que al ser presidente impondrá de nuevo “el temor y el amor a Dios” en las escuelas, que es provida porque el aborto “va en contra de la biblia”, se pliega a la corriente anti vacunas –incluso contra las de covid-19-, dice que con las inmunizaciones buscan implantar chips en la gente (algún parecido con sus episodios psicóticos es pura coincidencia), las llama “la marca de la bestia”. Al mismo tiempo dice que el sistema educativo solo se ocupa de formar esclavos para las grandes corporaciones así que debe ser reformado.

Sobre el tema racial, abordó el tema de la brutalidad policial pero con argumentos inexplicables sobre la necesidad de crear nuevas leyes, sumando que en su discurso de lanzamiento arremetió contra la conocida abolicionista Harriet Tubman, respetada militante antiracista del siglo XIX al punto de ser la elegida para tener su rostro en el nuevo billete de 20 dólares (decisión que Trump ha dilatado, por cierto). West dijo que ella no liberó esclavos sino que los envió a trabajar en casa de otra gente blanca.

Confesó que aún no ha pensado en temas como los impuestos o la política internacional, pero que se está asesorando, aunque deja claro que ama a China, que no son los culpables del coronavirus y que ese país le cambió la vida. El entrevistador le preguntó por “otras prioridades” que quisiera mencionar y dijo: “Limpiar los químicos. En nuestros desodorantes, en nuestras pastas de dientes, hay químicos que afectan nuestra habilidad para servir a Dios”.

Sobre Venezuela no ha manifestado nada, pero Venezuela sí se ha manifestado sobre él. El presidente Nicolás Maduro lo mencionó en una alocución, poco después de hacer oficial su aspiración.

“Habrá elecciones presidenciales en los Estados Unidos de Norteamérica. Vamos a ver qué pasa. Se acaba de lanzar un candidato independiente. Un rapero, Kanye West, se lanzó Kanye West. Candidato. Vamos a ver qué pasa. Nosotros no nos metemos en la política de los Estados Unidos”.

Dado que West anunció su candidatura de forma extemporánea, perdió la oportunidad de inscribirse en Estados claves como Texas y Florida. Eso le acarrea tener unas posibilidades matemáticas casi imposibles para ganar, aún así eso no parece amilanar sus intensiones y hasta la fecha él sigue firme en su campaña. La noticia más reciente registra que su inscripción en New Jersey estaba amenazada de ser inválida dado que la autoridad electoral de esa circunscripción lo acusaba de entregar firmas planas en sus documentos de apoyo a la candidatura.

¿Algo más que decir sobre Kanye West? Que en Estados Unidos la telerrealidad es pura política y viceversa.

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