La cota Lil | De papel

Foto referencial.

Leí, en una nota procedente de España, acerca de una señora que se dedicó a vender libros a domicilio a bordo de su bicicleta, para poder salvar su librería (cerrada debido a la pandemia) y dar de comer a su familia.

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La señora comenzó a llamar a clientes y cuando pensó que vendería sólo algunos libros, ya iba por 1.600 libros en el momento en que la nota fue redactada. Les dejo el link y les llamo la atención en torno a que aparece en Deportes (por la bicicleta) y no en Cultura, por los libroshttps://www.lasexta.com/noticias/deportes/una-mujer-salva-su-libreria-vendiendo-a-domicilio-con-una-bicicleta_202005215ec68962632a6c0001eb5197.html

Leyendo el caso de la señora Elena, de Madrid, recordé mucho a Esteban Brassesco, inolvidable vendedor de libros que aparecía en las redacciones periodísticas llevando su librería a cuestas. Era una delicia hacer un alto en el trabajo y pasar por el mesón donde Esteban desplegaba aquellos tesoros. Eso además permitía intercambios entre quienes estaban en la redacción, periodistas, diagramadores, ilustradores, personal de talleres que acudían a la convocatoria mágica de aquellos libros que Esteban nos fiaba. El asunto iba más allá porque se le podía encargas el libro que fuera, y Esteban lo encontraba y aparecía feliz para contarnos la odisea de su búsqueda.

Personalmente recuerdo tres libros que le pedía buscar: “Lil, la de los ojos color del tiempo” de Guy de Chantepleure, pseudónimo de Jeanne-Caroline Violet (https://www.ecured.cu/Lil,_la_de_los_ojos_color_del_tiempo) que fue de donde mamá tomó mi nombre, y se lo llevó apuntado para la maternidad, ‘para que nadie se equivocara’ (bella madre mía); 

“Los cuatro gigantes del alma” de Emilio Mira y López, monumental obra en torno a las emociones (http://www.cuatrogigantesdelalma.com/) y “Cuerpos y almas” de Maxence van der Meersch. Cuerpos y almas lo tuvo que buscar Esteban 4 veces porque tres veces regalé el ejemplar de tanto querer compartirlo. En este link hay una aproximación a esta obra definitoria en la vida de quien escribe. https://www.unaragonesenvenezuela.com/2018/12/28/cuerpos-y-almas-maxence-van-der-meersch/

Además de todo lo anterior, era una delicia conversar con Esteban, de cualquier tópico pues era muy informado y culto. Cuando llevaba consigo libros de música llegaba a la redacción buscándome. Atesoro libros que me mostró y que le compré, como la enciclopedia del siglo XX, la obra periodística de Gabriel García Márquez, 60 años de foto periodismo y varios títulos de Alejo Carpentier.

Lo acontecido con la señora de Madrid, vendiendo libros a domicilio en su bicicleta y los recuerdos de Esteban Brassesco, con su tesoro de un lado a otro, con aquella nostálgica sonrisa que lo definía me hacen pensar en la bicicleta del padre de Aquiles Nazoa y en las iniciativas de Ernesto Villegas e Ignacio Barreto. Agreguemos libros a domicilio, libros de papel, con todas las medidas preventivas de la cuarentena.

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Alimento para el intelecto y el alma que, ciertamente, no solo de pan vivimos.

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