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La decepcionante estela de La Tigresa del Oriente

En plena epidemia de gripe H1N1 llegó a Venezuela La Tigresa del Oriente. No traía consigo más que la fama que había logrado por no temer al ridículo y versionar, en un ritmo y ritual propio, canciones que, por alguna razón estaban de moda.

Su presencia fue reclamada en un otrora (no sé si todavía existe) lugar nocturno de Las Mercedes. Algo que antiguamente se llamaba Piano Bar; pues además de tragos y algo de picar, los artistas prácticamente convivían con el público.

Por supuesto la presencia de Judith Bustos (el nombre real de la peruana) levantó más que admiración, curiosidad. Las entradas se agotaron y fue todo un hit. Tanto que los contagios de gripe H1N1 se multiplicaron exponencialmente.

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