La fiesta para muchos de Rubby Pérez

Melenas imposibles armadas a punta de laca. Inauguración del Metro de Caracas y del Teatro Teresa Carreño. Despedida del blanco y negro de la televisión. Prohibición de publicidad de bebidas alcohólicas y cigarrillos en medios audiovisuales. Generosas hombreras a juego con calentadores tejidos. Visita de Juan Pablo II. Tsunami de cantautores inundando las pantallas y llenando poliedros. Llegada del primer Tropic Burger. Prendas metálicas y fosforescentes en las vitrinas de Carnaby. Viernes Negro y Caracazo quebrando estructuras. Coronas para las venezolanas. Salsa erótica ampliando la oferta musical…

Sin embargo, ningún retrato de los 80 está completo sin el merengue dominicano. Años después de que sonara Piano merengue de Damirón, Wilfrido Vargas y Fernandito Villalona, con Abusadora y Cama y mesa, reabrieron las puertas al género que dejó una valiosa impronta en esa generación. Dioni Fernández con Los diseñadores, 4:40 con Ella dice y Si tú te vas, Sergio Vargas con La quiero a morir y Bonny Cepeda con Una fotografía se encargaron de afianzarlo. Y, entre ellos, un cantante de increíbles registros que pegó un tema detrás de otro: Rubby Pérez, el cumpleañero del día.

Un billetal La presentación oficial de Rubby Pérez al público venezolano fue como vocalista de la orquesta de Wilfrido Vargas, a la que se sumó en 1982, cuando el músico le ofreció 100 dólares por baile. Con El africano, conoció la popularidad que crecería con Volveré, Cuando estés con él, Cobarde, cobarde, Para que no me olvides, El hombre divertido y El funcionario. Cinco años muy productivos que lo prepararon para su carrera en solitario.

Pero la historia de Rubby comenzó mucho antes, cuando sus padres Francisco y Modesta lo bautizaron como Roberto Antonio Pérez Herrera, el 8 de marzo de 1956, en Bajos de Haina, República Dominicana.

Criado por su abuela, se convirtió en un buen prospecto de Grandes Ligas. No obstante, un accidente de tránsito truncó sus planes. La pérdida de un músculo de la pierna izquierda le hizo perder la movilidad que alimentaría la leyenda de que tenía una prótesis de madera.

En medio de una depresión que lo llevó a considerar el suicidio y alentado por un amigo que conocía sus andanzas en los coros de la iglesia Dios Pentecostal, de la cual su padre era pastor, y de la Sociedad de Orientación Juvenil, comenzó profesionalmente en Los Juveniles de Baní en 1978. De ahí pasó a Los Hijos del Rey, donde logró el padrinazgo de Fernandito Villalona antes de ser fichado por Wilfrido.

Casos sueltos

Rubby Pérez vivió su sueño de ser grandeliga a través de su hermano menor Neifi. En su época de esplendor, se le adjudicó romance con la venezolana Miss Dependencias Federales 1990, Naibori Cedeño. Casado y con cuatro hijos, llega a los 65 años confinado por el coronavirus y dedicado a cocinar y a estudiar piano e inglés, para evitar el contagio que ha padecido la familia de su hermana Lidia.

 

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