Liberarte | 100 años del arte naif de Víctor Millán

Ya son 100 años desde que uno de los artistas ingenuos más importantes de nuestro país viera la luz que, más tarde, plasmaría en sus cuadros: es Víctor Millán.

Fue en 1919 cuando en las costas de Punta de Araya, en el estado Sucre, naciera quien luego trasladaría al lienzo los colores de aquellas escenas marinas que le sirvieron de patio de juego en su infancia. Y fue esa misma infancia, sus juegos populares y el transcurrir de su vida, más tarde situada en las playas de Cumaná, la que pintó.

En su arte está siempre presente la tradicionalidad y el folklor que lo rodearon y del que formó parte activa desde su niñez. El pájaro guarandol, los diablos de Corpus Christi y las burriquitas se ven igual de coloridos y festivos en sus obras, esas con las que su nombre se convirtió en uno de los más renombrados de la corriente naif.

Las casitas típicas de pueblo, su cielo siempre en azul brillante, el papelillo, las cintas de colores, el alboroto y los tumultos de gente que se congregaban en aquellas fiestas son una constante en su obra, en la que no faltan tampoco los veleros, las lanchas de pescadores, los desnudos de mujeres y la naturaleza muerta. Y es que la ingenuidad en Víctor Millán está fuertemente vinculada a lo popular, a lo artesanal y es exclusivamente biográfica.

Su entrada al mundo del arte ingenuo, o mejor dicho, su apertura de este movimiento tras Feliciano Carvallo, fue en 1951, cuando lo incluyeron en la “Muestra de pintura de Hoy” que organizó el Taller Libre de Arte. Fue en ese momento en el que su mirada se hizo pública y de ahí en adelante le permitieron a este hombre de mar y de estudios militares, poder vivir del arte y compartir ese arte con quienes no lo tenían a su alcance, por ello decidió levantar una Casa de la Cultura para los niños del barrio Marapa, en el estonces estado Vargas.

Fue en 1991 cuando Millán, con un centenar de cuadros en mano, decide venirse a Caracas para vender aquí su arte. Pero en vez de compradores, Millán se encontró con el hampa y a los 72 años, la prensa reseñaba cómo habrían de sacarle del cuerpo el alma, a uno de nuestros más renombrados artistas ingenuos.

Fabuladores del color

De Mariano Díaz. “Oriental y hombre de mar todavía soy, además de pintor. Para el 15 de agosto del 19 nací en Punta de Araya, donde papá era pescador de perlas. Yo lo acompañaba y mientras ellos buceaban yo me entretenía dibujando que si gaviotas, barquitos o pescaditos en pedazos de papel y cartón que conseguía.

Fui marinero a los catorce años y creciendo el tiempo cogí la marina. En el cuartel me pongo a pintar en las guardias imaginarias. Con el poquito de sueldo que me daban compraba cuadernos y creyones y empecé haciendo mapas, escudos militares y armas, hasta hice un escudo grande que el presidente de la guarnición me hizo firmarlo y hasta lo mandó a montar para un salón… Pinto de noche porque la brisa y la tranquilidad le ponen a uno el alma”.

 

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